EL MEREY
El Merey: cultivo de usos múltiples
María Bertorelli, lnvestigadora José Luna Coll, Técnico Asociado a la Investigación. FONAIAP. Centro de Investigaciones Agropecuarias del Estado Anzoátegui.
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El merey (Anacardium occidentale L.), conocido también como marañón caujil o paujil en Puerto Rico, Costa Rica, Cuba, México, Perú, Colombia, Panamá y El Salvador; acayouba en Argentina y caju en Brasil, es un cultivo constituido por árboles y arbustos tropicales y subtropicales, pertenecientes a la familia Anacardeaceae. Esta planta es originaria de las planicies del bajo Amazonas y del litoral del noreste brasileño y es precisamente en este país donde están ubicadas 18 de las 22 especies de Anacardium reportadas hasta el momento.
Descripción botánica de la planta
El merey se caracteriza por ser un árbol pequeño de 7 a 12 m de altura, perenne, de tronco corto, grueso y torcido, con muchas ramificaciones de raíces extensas y profundas (Figura 1 ). Sus hojas son ovaladas, alternas, simples y subcoreáceas. Sus flores son polígamas (masculinas y bisexuales), de color rosado o amarillo y con estrías rosadas. Botánicamente hablando, el verdadero fruto es la nuez, siendo el pseudofruto el pedúnculo del fruto, el cual se caracteriza por ser un aquenio en forma de nuez reniforme lateralmente deprimida con largo de 2 a 5 cm, generalmente de color rojo o amarillo (Figura 2).
Aspectos agronómicos
La planta de merey es adaptable a cualquier tipo de suelo, ya que no exige alta fertilidad. Sin embargo, ha sido observada su preferencia por suelos ligeros, arenosos, profundos y bien drenados. Algunos estudios del sistema radical de la planta han demostrado que la misma tiene una alta habilidad para explorar suelos profundos. Esta característica incrementa enormemente la adaptabilidad de la planta a zonas de baja precipitación. No obstante, sus requerimientos pluviométricos generalmente oscilan entre 800 y 1800 mm anuales. La planta del merey prospera y frutifica bien en lugares semiáridos de suelos pobres, de textura arenosa o arcillosa, como los predominantes en la sabana.
El cultivo del merey en Venezuela.
Los mereyales de mayor importancia el país se encuentran mayormente en estado silvestre al norte del estado Bolívar y al sur los estados Anzoátegui y Monagas. En esta zona, el merey se ha venido explotando algunos hatos, huertos y jardines que son fuente de una industria casera, en la que usa el pedúnculo en la preparación de dulces como el merey pasado. La almendra se consume tostada y también se utiliza en la preparación del turrón o mazapán. En la actualidad el CIAE Anzoátegui se encuentra realizar importantes proyectos de investigación relacionados con este importante rubro.
Otros usos del merey y su importancia la industria
El merey es un cultivo que tiene diversas posibilidades de uso, dependiendo de la parte de la planta que se utilice. Brasil es el país que realiza el uso más eficiente del merey, existiendo una industria altamente especializada para el aprovechamiento sustancial de misma.
En Venezuela, el aprovechamiento merey es muy limitado; sin embargo, subproductos que pueden obtenerse a partir de esta planta son muy variados, como se ilustra a continuación:
Nuez
Almendra
Tostada (nueces, pasapalos, postres)Dulces (mazapán, turrón) Mantequilla de merey Fabricación de cosméticos
Aceite de la cáscara
Elaboración de barnices, tintes y resinasPreservación de libros
Pseudofruto
Preparación de mermeladagelatinas, dulces y conservaBebidas alcohólicas (vino, vinagre, ginebras)
Tronco
Barreras rompevientosElaboración de goma arábigaCercado de potreros
Plagas del merey
El merey es una planta de mucha resistencia al ataque de plagas y enfermedades. En Venezuela existe una gran variedad de plagas que atacan a este cultivo, entre las que, por su relevancia, se pueden mencionar:
> Selenothrips rubrocinctus (Girad) Estos insectos son thysanópteros diminutos, de color marrón y viven en colonias en el envés de las hojas. Sus ninfas poseen la característica de presentar bandas rojas, rodeando el primer y segundo segmento del abdomen. Su daño está caracterizado por un fuerte necrosamiento del limbo foliar que provoca defoliación en la planta (Figura 3).
> Costa!imaita ferruginea (Klug) Estos individuos se caracterizan por ser coleópteros, de color marrón, cuyo tamaño es de aproximadamente 5 mm. Su daño se caracteriza por perforaciones circulares localizadas en el follaje, especialmente en hojas nuevas y en las entradas de lluvia (Figura 4).
> Megalopige lanata (Stoll) Los miembros de esta especie pertenecen al orden lepidóptera, las larvas son muy vistosas y su tamaño puede alcanzar hasta 40 mm. Generalmente estas larvas se alimentan de las hojas, causando defoliación. El mayor problema puede ser presentado al momento de la cosecha, ya que pueden causan lesiones urticantes en los recolectores de frutos (Figura 5).
> Aphis gossypii (Glover) Estas plagas se caracterizan por ser insectos de tamaño pequeño que pueden ser ápteros o alados y su color puede variar de amarillo claro a verde oscuro. Normalmente viven en colonias numerosas en las inflorescencias o frutos jóvenes, donde succionan la savia. Las flores atacadas por este insecto generalmente se secan y los frutos se deforman. Estos insectos generalmente se presentan asociados con hormigas (Figura 6).
> Contarinia sp. Este insecto pertenece al orden díptera y se caracteriza porque sus larvas se alimentan del tejido meristemático de las hojas, ocasionando la formación de agallas, lo cual es una medida de defensa de la planta. Su ataque puede ser un problema cuando éste se presenta a nivel de vivero, porque puede causar defoliación de las plántulas.
Otras plagas de menor relevancia en el cultivo de merey son: Polistes versicolor (considerada un importante depredador de larvas en otros cultivos), Aetalion retic (Linneaeus), conocida como chicharrita mango Trigona sp. (pegón), Atta sexdens (bachaco), chinches de la familia cor hormigas del género Zacryptocerus.
Figura 1. Árbol de merey
Figura 2. Fruto del merey
Figura 3. Selenotrips rubrocintus
Figura 4. Daño causado por Costalimaita ferruginea.
Figura 5. Larva de Megalopige lanata.
Figura 6. Afidos atacando el fruto de merey
Perspectivas
El merey es un cultivo de múltiples usos altamente resistente a plagas y enfermedades, que puede generar buenos rendimientos en climas semiáridos con suelos pobre textura arenosa o arcillosa. Sin embargo pese a su potencial, este cultivo no ha sido debidamente aprovechado ni explotado en Venezuela.
La creación de una adecuada política agrícola podría fomentar el uso integral de la materia prima vegetal del cultivo (cáscara de la nuez, pseudofruto y almendra) con finalidad de obtener, desde un punto de vista mas amplio, la industrialización de los productos primarios y secundarios del merey, para lograr la implantación de un extenso comercio interno y externo del mismo.
Bibliografía recomendada
Avilán, L.; F. Leal y D. Batista.1989. Plagasdelmerl Manual de Fruticultura. Editorial América, Caracas Ven. p. 415433.
Borror, D.;C. Triplehom y N. Johnson.1989.Anintrod to the study of insects. Saunders, Philadelphia. 875 p.
Borror, D.y R. White.1970. Petersons field guides. Hou Mifftin Company. NewYork. 404 p. Boscán, N. 1998. Insectos-plaga del manguero. E cultivo del manguero de Venezuela. Maracay, Fondo Nacional de Investigaciones Agropecuarias 229 p.
Chandler, W. 1962. Frutales de hoja perenne. Tracd José Luis de la Loma. Unión Tipográfica. Editorial Hispano Americano. México. p. 35-348.
Consejo de Bienestar Social. 1970. El fomento agroindutrial del cultivo del merey en Venezuela. Algunos aspecto básicos y perspectivas generales. Caracas, Ven. 1
De Araujo, J. y V. Da Silva. 1995. Cajucultura: Modernas técnicas deproducao. EMBRAPA-CNPAT. Fortal CE. 292 p.
De Zayas, F.1981. Entomofauna cubana. Tomo VIII. El rial Científico Técnica. La Habana, Cuba.111 p.
Román, C. 1992. El cultivo de marañón (Anacara occidentale) en los llanos orientales de Colombia. Ir tuto Colombiano Agropecuario. Boletín Divulgativo 94.13 p.
Yustiz, E. 1991. Aculeata: morfología e identificación. Primer Curso Nacional Sobre Taxonomía Hymenóptera. Universidad Centrooccidental Lisandro Alvarado. Barquisimeto. Estado Lara Mimeografiado.
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FRUTAS
El merey une esfuerzos en El Tigre
El aparente desperdicio de una especie frutal nativa de Suramérica en los predios del municipio Simón Rodríguez permitió que un proyecto de aula, perteneciente a una docente de primaria, se convirtiera en una sociedad que hoy reúne a 6 microempresarios. Ellos producen y venden en una modesta factoría una variedad de productos derivados del "caujil" que poseen calidad de exportación. El fruto y el pseudofruto del Anacardium occidentales han hecho osible desde el 26 de junio de 2003 que una cooperativa piense en futuro, aupada por sus trabajadores y con apoyo gubernamental
MARTÍN CARBONELL S.
Carlos Reyes
UNIDAD Productores, cooperativistas y artesanos luchan juntos por un fin común: vender su rubro
El cooperativismo, es una forma de organizar empresas con fines económicos y sociales, donde lo importante es el trabajo en común para lograr un beneficio. Estas compañías se diferencian de otro tipo de comercios en que es más importante el trabajo de los asociados que el dinero que aportan. Conscientes de esta realidad un grupo de personas asistieron en 1999 a la presentación del Festival del Mango y el Merey impulsado por Amalia Sojo, docente de la escuela rural del barrio San José, en El Tigre, donde se buscaba demostrar los beneficios económicos de ambos rubros. "Este fue el primer paso para la fundación de Comeyma (Cooperativa del merey y el mango)", apuntó Edna Vallenilla, encargada de la biblioteca pública Alfredo Armas Alfonso de esa localidad. "Al año siguiente la instalamos en el patio central de la biblioteca. Fue en la tercera edición cuando se asomó la posibilidad de formar una cooperativa". Posteriormente hubo otros tres eventos. El más reciente se efectuó entre el 2 y el 4 de junio en el Campo Oficina Pdvsa de la capital del municipio Simón Rodríguez y una semana más tarde fue llevado al CC Plaza Mayor de Lechería. "Este hecho demuestra la importancia que está adquiriendo ese alimento en nuestra comunidad. Prueba de ello es que este año nuestra exposición contó con la presencia de invitados de Brasil, quienes se deleitaron con los 38 productos derivados del fruto y el pseudofruto del árbol "Anacardium occidentale", señaló Arturo Dottone, representante de Comeyma. Gerarda Machado, otra de las seis integrantes de la directiva de la cooperativa, explicó que la idea de unir esfuerzos en pro del bien común surgió luego que en la tercera exposición se realizara un taller sobre cooperativismo y embalaje del "caujil". "Eso fue toda una novedad. Al taller asistimos unas 50 personas y allí comprendimos que el espíritu de este tipo de negocios más que mercantilista es solidario. No es fácil de aprender ese tipo de doctrinas, eso es algo que se 'cultiva' desde pequeño". Largo caminoAunque durante el camino se quedaron algunas personas, el proyecto fue iniciado por 21 pioneros. Es bueno destacar al respecto que las integrantes de la directiva de Comeyma poseen la misma visión de este negocio atípico que crearon el 26 de junio de 2003. "Todos estamos juntos e intercambiamos protagonismo en la medida de lo posible. Demostramos lo importante que es unirse, pues tenemos plena confianza en la cultura de los aliados, donde todos confluimos en un mismo fin". La materia prima la compran directamente a los productores, quienes después de años de dejar que este fruto se degradara sobre el suelo, hoy ya saben que pueden obtener dividendos. "Para la compra del rubro contamos con un grupo determinado de productores. En la actualidad ellos están recibiendo instrucción sobre la siembra y cultivo del merey, por parte de María Sindoni y Pablo Hidalgo, del Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas", acotó Dottome. El fruto es llevado en sacos a la sede de Comeyma, ubicada en el número 46-A de la Quinta carrera Sur, área mejor conocida como la "calle de las loterías" en El Tigre. Allí se inicia el proceso que redunda en una gran diversidad de alimentos. "Esta fruta es 'bruja'. Por ejemplo, la almendra se puede degustar al natural, salada, en mazapán, mantequilla, mientras que con la carnosa pseudofruta se hace merey paso, bocadillos. Con la mezcla de ambos se prepara una deliciosa granola". Adicionalmente artesanos de la zona realizan con este rubro frutícola bebidas achocolatadas (Chocomey), aderezo para ensaladas, guisos e incluso salas para pasta y bebidas espirituosas que tiene como elemento cetral para su elaboración al Merey. En lo que concierne a las ventas, Comeyma posee distribuidores al mayor en ciudades como Barcelona, Puerto La Cruz y Maturín, y trato directo con clientes asentados en Caracas. Este es un negocio artesanal que apenas da sus primeros pasos hacia el crecimiento gradual de su producción y de las personas que respaldadas por el cooperativismo intervienen en el proceso. El difícil proceso de surgir en un nuevo mercado Actualmente el Instituto Nacional de Investigaciones Agrícolas (Inia) trabaja en conjunto con los productores en el desarrollo de un clon enano del árbol de merey. Este es más pequeño que la especie normal y presenta como ventaja que a los ocho meses de plantado ya está "cargado" de fruta. En cambio en el Anacardium occidentale normal ese proceso dura de tres a cuatro años. La directiva de la Cooperativa del Merey y el Mango está integrada por Gerarda Machado, Nelson Peña, Tibisay de Monroy, Zuleima Millán, Ismenia Charmel y Arturo Dottome. Esta agrupación se mantiene gracias a los aportes equitativos logrados por los socios, en tanto que el capital total es "movilizado" a través de la venta de los productos que se procesan en su sede. En estos momentos las actividades de producción de Comeyma se encuentran paralizadas porque ya finalizó la temporada de zafra del merey, que se inicia en enero y concluye en junio. La producción anual asciende a 70 mil kilogramos del rubro frutal. El elevado precio de este alimento obedece a lo tedioso que resulta el proceso de obtención de la almendra. A pesar del apoyo obtenido por el alcalde Ernesto Paraqueima, quien se muestra optimista ante el proyecto, los miembros de Comeyma manifestaron que necesitan capital para continuar con su labor. Según refirieron, hay dinero para la siembra de la especie pero no para su procesamiento. Por ello aspiran contar con el apoyo adicional de la Gobernación de Anzoátegui.
Merey en Salsipuedes
El merey sirve para todo, y es amazónico aprendí semanas atrás en “Sal-si-puedes”. Cuando salgo de allí lo hago con dificultad (porque no quiero levantarme de la mesa), y siempre satisfecho. Es la sede del Centro de Investigaciones Gastronómicas de UNEY, en San Felipe, donde oficia y enseña su arte Cruz del Sur Morales. Se trabaja allí – entre otras cosas - en los sabores y alimentos con denominación de origen, que sin etiquetas comerciales viven en la memoria de las sociedades.
Pasan por “Salsipuedes” cocineros, doñitas, profesores universitarios, cocineras de entrecasa, literatos, investigadores, proveedores de alimentos, amantes de la cocina nacional, chamos que sueñan con alcanzar al cargo de chef, diplomáticos que llegan de Caracas, gente de la hotelería y posadas, productores agropecuarios y estudiantes. Allí uno comparte mesa siempre condimentada con literatura y doctas sobremesas con el rector de la universidad, Freddy Castillo Castellanos y con el vice-rector José Luis Najul, amante enterado de la cocina árabe.
En sus aulas se enseña teoría y de vez en cuando catas. En la cocina, diariamente, hay prácticas con productos nacionales. Los afanes con mayor repercusión, suelen ser los que llegan de la comida de familia. Aquellos que se transmiten de generación en generación, entre el tejido social de eso que llamamos nación. Se trata de productos, técnicas y platos, que tienen origen pero no fronteras.
Así me pasó con el merey. Formado en las cocinas del Mediterráneo y en el frío, por años el merey fue para mi lo que la aceituna para muchos norteamericanos (“una fruta en el fondo de un vaso de vodka”). El primer merey que probé era del Brasil y no se llamaba así en el bar del hotel Gloria, durante mi primera pasantía periodística en Río de Janeiro, sino “castaña de Cajú”. En el Inter-Continental de Río de Janeiro las servían en sustitución del maní. Diez años ya escribiendo crónicas gastronómicas por el mundo las encontré en otra barra, la del Hotel Le Meridien de Frankfurt, acompañando con dátiles y uvas pasas, en el servicio de los tragos espirituosos.
Resulta que en “Salsipuedes” según relata Biscuter quien dirige en la Web “Duelos y Quebrantos” (wwwconuqueando.blogspot.com), siempre disponen de merey en casi todas sus variantes: pasado, tostado, sin tostar y en mazapán, “esa forma gloriosa de la granjería guayanesa, a la que, por cierto, me abonaría de por vida, dada mi condición de dulcera impenitente”. Cuando en mi última visita prepararon un postre que me encantó y cuya calidad resalto, a la hora de las historias y los orígenes revelaron que la magia estaba en el merey.
Según me ilustró Biscuter “Algunos cronistas hablan de su procedencia trinitaria, pero todos coinciden en que fue Nicolasa de Sutherland quien decidió un día sustituir las almendras importadas por las de merey para continuar haciendo en Angostura los confites que antaño elaboraba en su natal Trinidad. Lo cierto es que varias generaciones de Sutherland y de otras célebres familias guayanesas convirtieron al merey en un atractivo gastronómico de Ciudad Bolívar.
“Yo – explicó la anfitriona de Salsipuedes - acostumbro adquirir el mazapán de Guillermina, por recomendación que una vez me hizo mi amigo César Reyes Chacín. Guillermina falleció hace unos años, pero sus herederos prosiguieron el negocio en su misma casa cercana al terminal de pasajeros de la ciudad.
El postre que me ofrecieron fue la conjunción armoniosa de una crema inglesa con mazapán de merey, es decir, una especie de natilla milagrosa. ¿Cómo la hicieron? Desmenuzaron el mazapán, se lo agregaron a la crema inglesa y batieron. Colaron para hacer la crema más fina y la sirvieron muy fría con tropezones de merey pasado.
El mazapán de merey, hecho de almendra de merey tostada y molida, con leche y azúcar, es, sin ninguna duda, una pieza fundamental del patrimonio cultural viviente de Guayana. Se come solo, en tortas, con helados, y ahora, maridado con la crema inglesa, en natilla de Salsipuedes.
Alberto Soria
El merey sirve para todo (y es amazónico)
Y DESPRENDE EL MEREY SABROSA ALMENDRACuando Alberto Soria le preguntó a uno de los anfitriones por el origen preciso del sabrosísimo postre que se estaba comiendo en ese momento, noté que yo tampoco había atinado con la procedencia exacta del sabor y la textura de esa natilla prodigiosa. Habíamos celebrado el impecable ajoblanco de la entrada, así como el suculento rabo en salsa de vino que nos sirvieron como plato principal. Pero no fue hasta la llegada del postre cuando sentimos que se nos había preparado una sorpresa. Lo primero ya lo dije: no supimos a ciencia cierta de qué plato se trataba. Y lo segundo: descubrimos que ese inesperado regalo era verdaderamente un hallazgo gastronómico.El almuerzo que ahora refiero tuvo lugar en Salsipuedes hace un mes. Alberto Soria había impartido en la UNEY una de sus clases sobre educación sensorial y el Centro de Investigaciones Gastronómicas decidió invitarlo para conversar sobre los planes de trabajo que el destacado gastrónomo asesora. La gente del Centro quiso, además, compartir con el profesor Soria la más excelsa sopa fría del reino de los gazpachos y las excelencias de uno de los cortes de res más baratos y gustosos que podemos encontrar en el mercado, para deleite de quienes aprecian los más elevados placeres de la carne. Todo lo prepararon con esmero y sin contratiempo alguno, pero así como hay duendes en la imprenta, también los hay en las cocinas y algo pasó con el postre inicialmente previsto. De ese modo accidental, a última hora (muy a última hora) tuvieron los cocineros que hacer uso del ingenio para inventar algún postre salvador y salir a flote. Y salieron con creces.Resulta que en Salsipuedes siempre disponen de merey en casi todas sus variantes: pasado, tostado, sin tostar y en mazapán, esa forma gloriosa de la granjería guayanesa, a la que, por cierto, me abonaría de por vida, dada mi condición de dulcera impenitente. Así que para subsanar el problema del postre, cuando ya casi no les quedaba tiempo, echaron mano del merey y felizmente superaron el percance.El producto fue la conjunción armoniosa de una crema inglesa con mazapán de merey, es decir, una especie de natilla milagrosa. ¿Cómo la hicieron? Desmenuzaron el mazapán, se lo agregaron a la crema inglesa y batieron. Colaron para hacer la crema más fina y la sirvieron muy fría con tropezones de merey pasado y revelar de esa manera de dónde provendría el deleite seguro de los comensales.El mazapán de merey, hecho de almendra de merey tostada y molida, con leche y azúcar, es, sin ninguna duda, una pieza fundamental del patrimonio cultural viviente de Guayana. Se come solo, en tortas, con helados, y ahora, maridado con la crema inglesa, en natilla de Salsipuedes. Tiene tantos usos como imaginación, gracia y gusto posea el cocinero.Algunos cronistas hablan de su procedencia trinitaria, pero todos coinciden en que fue Nicolasa de Sutherland quien decidió un día sustituir las almendras importadas por las de merey para continuar haciendo en Angostura los confites que antaño elaboraba en su natal Trinidad. Lo cierto es que varias generaciones de Sutherland y de otras célebres familias guayanesas convirtieron al merey en un atractivo gastronómico de Ciudad Bolívar. Yo acostumbro adquirir el mazapán de Guillermina, por recomendación que una vez me hizo mi amigo César Reyes Chacín. Guillermina falleció hace unos años, pero sus herederos prosiguieron el negocio en su misma casa cercana al terminal de pasajeros de la ciudad.Razón tuvo Francisco Lazo Martí cuando en su admirable poema Silva Criolla escribió el verso con que he titulado esta nota: “Y desprende el merey sabrosa almendra”.
Mango y merey protagonizaron feria gourmet
escrito por Milagros Díaz/Pasante
domingo, 01 de julio de 2007
Artesanos y productores regionales mostraron gran variedad de derivados elaborados a base de frutas
El merey y el mango fueron los ingredientes claves para la preparación de nuevos platos gourmet que deleitaron a los presentes en la feria organizada por la Fundación Encuentro Gastronómico del Estado Anzoátegui, el día de ayer en el CC Caribbean Mall de Lechería. Esta fundación que promueve productos alimenticios propios del estado, como exposiciones de la ciruela de huesito, diversos platos elaborados con queso, entre otros, en esta oportunidad realizó la IV Feria del Mango y el Merey, donde una variedad de manjares, dulces y salados, más la artesania decorativa colmaron las mesas que se exhibieron desde las 9:00 de la mañana hasta las 6:00 de la tarde.
Comentario de: miguel herbonniere [Visitante]
Reciban un saludo, Nuestra empresa cooperativa tiene 07 años en la investigación del procesamiento de la fruta del merey y la producción de bebidas o licores derivados del mismo tales como el vino,licor dulce de la nues, dulce de merey, semilla vinagre y mermelada. El merey es un fruto tradicional de las zonas tropicales en especial de Latinoamérica y de la cual en Venezuela, son escasas las experiencias de procesamiento y producción de derivados lo cual ha motivado nuestra inmediata intervención para el desarrollo de un proyecto con amplias condiciones de sostenibilidad comercial debido a la inexistencia de competencia y a un mercado potencialmente competitivo y demandante.En este sentido, producimos vino bajo condiciones de procesamiento y embotellado completamente artesanal, lo cual ha significado en el reconocimiento de nuestras capacidades de producción actual, aun cuando no hemos pretendido acceder a la comercialización directa.Por ello, procuramos acceder a vías de financiamiento internacional que nos permitan adquirir equipos industriales para procurar un procesamiento y embotellado con mayor capacidad de producción y en más óptimas condiciones de calidad.AtentamenteMiguel HerbonnierePresidenteTeléfono: 0058 416 4863438 / 0058 414 8521007Email: elangostureo@yahoo.com
Sincor impulsa proyecto artesanal “Feria del Mango y el Merey” a través del plan de inversión social
Escrito por Redacción
miércoles, 31 de mayo de 2006
Está en marcha el proyecto de desarrollo endógeno artesanal “La ruta del Merey”, cuyo propósito es producir cultivos del fruto, procesar el seudo fruto y la almendra y luego comercializarlo. En una primera fase, se conformarán EPS, Empresas de Producción Social, cooperativas y asociaciones familiares, las cuales tendrán como propósito generar una economía comunitaria, que sirva esta a su vez para darle sustentabilidad estrategia a largo plazo al plan de economía social que finalmente se pretende desarrollar.
Así lo informó el director de Culturarte, César Mujica, quien es el creador del proyecto y organizador de la Feria Artesanal, que se efectuará en las instalaciones de la “Central Mereyera” ubicada en el sector San Mauricio, zona industrial de la localidad pariaguanense.
Varias Instituciones están aliadas para que esta feria se lleve a efecto, entre ellas la Cooperativa Los Pariaguaneros, Asociación de Productores del Merey, Agencia de Desarrollo Miranda, Dirección de Cultura de la Gobernación de Anzoátegui, Radio Familia 105.7 FM, Radio Xtrema 99.7 FM, artesanos y comunidad en general, quienes han visionado el proyecto tal y como y se hizo previamente en los sectores productores del fruto, mediante un “Autodiagnóstico Participativo”, donde se detectó la necesidad de elevar la capacidad productiva artesanal.
Indicó Mujica, que el proyecto plantea en sus objetivos aumentar la productividad familiar en una primera fase y en una segunda fase en el área de siembra la industrialización del cultivo para producir almendras y aceite de la cáscara, jugos y conservas de la parte pulposa y al mismo tiempo aumentar el nivel ocupacional, organizativo, cultural y las mejoras de los problemas ambientales en relación al fruto.
La propuesta de Culturarte sobre la activación del programa reúne tres aspectos importantes: social, económico y cultural del procesamiento del merey en el municipio Francisco de Miranda.
Señaló Cesar Mujica, que esta propuesta enlaza muy de acuerdo con el proyecto de la asociación de productores del Merey y la cooperativa los Pariaguaneros ambas integrada por más de 400 personas, donde tiene como propósito la reactivación de la Planta Mereyera. Puedo asegurar dijo Mujica, me cercioré del funcionamiento de una de las maquinas, el arranque de uno de los motores y el movimiento de sus partes y los engranajes en perfecto uso. Toda esta gente esta trabajando limpiando pieza por pieza, día y noche, con el interés de ver cumplida sus metas.
Ambos proyecto están en la capacidad de realizar producción agrícola, procesamiento y comercialización industrial, semi industrial y artesanal del Merey, considerando que se trata de un cultivo bondadoso como rubro bandera de la zona sur del Estado Anzoátegui. Este proyecto se ha girado en las principales empresas petroleras que operan en Pariaguán, y Sincor a través de la Gerencia de Desarrollo Sustentable, Asuntos Publico e Inversión Social, en manos del Ing. Nelson Coa, la Lic. Lucía Freites y Ing. Nexo Ríos, se han mostrado interesados en apoyar este plan de producción de economía familiar. Puntualizó el licenciado Cesar Mujica.
PYME: ALCALDÍA DE ROSARIO DE PERIJÁ INSTALARÁ LA PRIMERA PLANTA DE MEREY EN EL ZULIA
El Zulia contará ahora con la primera planta de merey. La inversión para el procesamiento de este rubro se calcula en noventa millones de bolívares, para la instalación de la fábrica que será instalada en Rosario de Perijá, según anunció el alcalde de ese municipio Jorge Rincón Sierra. La autoridad local explicó que actualmente se adelantan los estudios técnicos correspondientes para llevar a cabo este importante proyecto que generará más de 300 empleos directos e indirectos en la zona que, “al igual que otras regiones del país, está siendo fuertemente afectada por la crisis económica”.
Semilla tropicalEl merey, caujil o marañón, como se conoce también, es un fruto tropical que se cultiva libremente en diferentes sectores del municipio. Rincón considera que actualmente esta cosecha es sub utilizada porque apenas se aprovecha la semilla en desmedro de la pulpa que se bota como un desecho cualquiera.Para Rincón es urgente crear fuentes de empleo y por esta razón ha trabajado conjuntamente con la Gobernación del estado Zulia, en la búsqueda de fórmulas que ayuden a impulsar el desarrollo agrícola en la región.“Estamos impulsando todas las iniciativas de carácter económico y social que contribuyan a mejorar la calidad de vida de los vecinos, y proyectos como éste, de 1a planta procesadora de merey serán gran aporte para el desarrollo de Rosario de Perijá”.
Posibilidades de exportaciónEl diseñador de la planta, Antoni Goffi, comentó por su parte, que ésta puede instalarse entre seis u ocho meses; porque asegura que cuentan con el producto y las tierras.El también asesor de Desarrollo Agroindustrial de la Gobernación del Zulia destacó que “la procesadora de merey puede generar 35 empleos directos y 300 puestos de trabajo indirectos. Además de abastecer el mercado interno buscamos producir para exportar apegados a las normas ISO que se aplican al respecto”.
Potencial localEl cultivo del merey se genera en forma natural en los sectores San Juan, La Matica, La Bolivariana y Tierra Negra de Rosario de Perijá. Los frascos de esta semilla que se venden en las principales avenidas de Maracaibo proceden de esta localidad.El mandatario local, asimismo, destacó que en la vía a La Villa y en el municipio Machiques de Perijá se expende el caujil en platos y la semilla tostada en frascos pequeños y grandes.La presidenta del Instituto Municipal de Desarrollo Agricola (Imda), Yulana Maldonado, indicó que se requieren entre 500 y 600 hectáreas para cultivar el merey, ya que con el rendimiento que arroje esta superficie se puede transformar la materia prima en diversos subproductos. Precisó que con la planta pueden procesarse cuatro mil kilos por hora y cinco mil kilos de pulpa o de cualquier fruta.“El impacto económico va a ser muy importante porque se beneficiarán todas las familias y la idea es buscar mercados externos más allá del Zulia y Venezuela”.Sin embargo agregó que el merey da para todo. De acuerdo con la especialista, en agronomía pueden obtenerse hasta treinta subproductos. Algunos de ellos son: mantequilla, conservas, dulces abrillantados, yogur, sirop, ciruelas pasas, mazapan, dulces, mermeladas, jugos, vinos, alcohol y pulpas. Con la semilla bien trabajada pueden lograrse productos artesanales, móviles, accesorios para cocina y llaveros.
(Fuente: diario LA VERDAD, domingo 6 de julio de 2003)
TORTA FRIA DE MEREY PASADO Y CREMA DE QUESO
DE CABRA
RECETA PARA 8 PERSONAS
INGREDIENTES:
Para el bizcochuelo
8 huevos
250 gramos de azúcar
1 cucharadita de polvo de hornear
250 gramos de harina
. cdta. de esencia de vainilla
Una pizca de sal
Para el dulce de merey pasado
300 gramos de merey pasado cortado en brunoise
3 tazas de agua
250 gramos de azúcar
Para la crema de queso de cabra
300 gramos de queso de cabra
200 gramos de crema de leche para pastelería
40 gramos de azúcar
4 láminas de gelatina sin sabor
Agua para hidratar la gelatina
Otros ingredientes:
. taza de brandy
50 gramos de semillas de merey sin sal tostadas
PREPARACION:
Para el bizcochuelo
1. Precalentar el horno a 350 °F.
2. Enmantequillar y adherir encima una lámina de papel encerado a una bandeja
plana de hornear.
3. Separar las claras de las yemas, con una batidora eléctrica batir las claras a punto
de nieve agregar el azúcar poco a poco y seguir batiendo hasta punto de
merengue, añadir las yemas, la sal y la vainilla y batir a alta velocidad durante 5
minutos más.
4. Cernir la harina junto con el polvo de hornear y con movimientos envolventes
agregar poco apoco a la mezcla anterior.
5. Verter en la bandeja y llevar al horno. Hornear durante 10 a 15 minutos o hasta
que al introducir un palillo éste salga seco.
6. Sacar del horno, dejar reposar por 5 minutos y aún caliente despegar del papel
encerado, enfriar sobre una parrilla.
Para el dulce de merey pasado
1. Colocar en una olla el agua y el azúcar, llevar a fuego medio- alto durante 10
a 15 minutos o hasta obtener un almíbar ligero, agregar el merey pasado
cortado en brunoise cocer durante 5 minutos y reservar un poco del almíbar
para la presentación del plato, seguir cociendo hasta que el merey esté blando
y un poco espeso. Dejar enfriar.
Para la crema de queso de cabra
1. Disolver la gelatina en agua tibia. Deshacer el queso a baño de María y
añadir el resto de los ingredientes, mezclar con la gelatina batiendo bien
hasta que quede una crema espumosa y uniforme. Dejar enfriar una hora o
más en la nevera.
MONTAJE:
1. Con un aro de pastelería sacar discos de bizcochuelo, colocar el mismo aro
sobre un pedazo de película plástica que pueda envolverlo.
2. Colocar en el fondo un primer disco de bizcochuelo, humedecer con un poco
de brandy, continuar con el dulce de merey, tapar con otro disco de
bizcochuelo, humedecer con brandy y terminar con la crema de queso de
cabra, tapar completamente con la película plástica y llevar a la nevera
durante 2 horas.
3. Desmoldar, terminar con las semillas de merey tostadas y pintar el plato con
el almíbar del dulce de merey previamente reservado.
Vino sugerido para la Torta Fría de Merey Pasado y Crema de Queso de Cabra:
FRIZZANTE
GASTRONAUTICA / Una amplia variedad de nueces se mezcla en la cocina venezolana Diminutas cajas de sorpresa
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Artículos
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propiedades culinarias
Muchas se cultivan en nuestro país, y se utilizan en
ricas preparaciones
JOSE RAFAEL
LOVERA
ESPECIAL PARA EL
UNIVERSAL
La naturaleza ha
provisto a los hombres de una serie de pequeños cofres que encierran deliciosas
semillas comestibles: las nueces. Estas diminutas cajas de sorpresa han sido
empleadas por la humanidad desde tiempos remotos y en todos los ámbitos del
planeta. Es grande la variedad que de ellas disponemos y su popularidad se ha
extendido por todos los continentes, de forma que hoy, sin importar el clima ni
la tierra de origen, podemos degustar toda clase de nueces.
De este universo
de bocados crujientes escogeremos los más conocidos: la nuez (Juglams spp.), la
almendra (Prunus amygdalus), la avellana (Corylus spp.), la macadamia
(Macadamia integrifolia), la pecana (Carya spp.), la nuez del Brasil (Bertholletia
excelsa) y el merey (Anacardium occidentale). Podríamos incluir otras, como los
piñones y los pistachos, pero preferimos ceñirnos a las ya nombradas, pues
ellas se consiguen en nuestro país, sea porque se las importa, sea porque se
dan en nuestro suelo.
Rica variedad
Todas tienen
cofres de distintos aspectos, así como son también diferentes sus semillas, no
sólo en apariencia, desde las caprichosas y sugerentes circunvalaciones de la
nuez, hasta la esférica lisura de la macadamia, sino en sabor y en contenido
graso.
Del Viejo
Continente nos han venido las nueces, las almendras y las avellanas: de
Australia la macadamia y de América la pecana, el merey y la nuez del Brasil,
estas dos últimas autóctonas de América del Sur y presentes desde tiempo inmemorial
en nuestra Guayana y nuestra Amazonia.
Todas pueden
consumirse tal como salen después de quebrantar su cáscara ora al natural, ora
saladas e incluso endulzadas. Igualmente con ellas suelen prepararse mazapanes
y turrones, tal es la versatilidad con la cual pueden llegar estos tesoros a
nuestra mesa.
Quizá sea en la
confitería donde sobresalen: ¿Quién no recuerda las almendras garrapiñadas o
las glaseadas con azúcar teñido de diversos colores?... ¿Quién ha dejado de
probar los turrones de Alicante o de jijona, o los nugats franceses?... ¿Quién
no ha tenido la ocasión de deleitarse con un pecan pie?
Van con el
recuerdo
Nombrando esas
golosinas evocamos sin duda muy gratas experiencias gustativas que en muchos
casos nos remontan a la infancia, a las piñatas, a los cumpleaños, a los
festejos navideños. Pese a que nuestras reposteras conocen bien estas nueces,
no todas alcanzan a poder adquirirlas, particularmente las traídas de fuera y
aún las autóctonas suelen venderse a precio bastante alto, pues se trata del
producto de una labor de recolección manual, como sucede en el caso del merey.
Sin embargo,
bien vale la pena destinar algo del presupuesto familiar para comprarlas y
elaborar con ellas algunos de las numerosas recetas que aparecen en los libros
de cocina tanto venezolanos como extranjeros.
Por otra parte
no puede dejarse de lado que nuestro plato nacional, el suculento pastel que
llamamos hallaca, según la más exigente ortodoxia, requiere que en su relleno
venga una o varias almendras.
Dicen los
especialistas en nutrición, y así lo subrayan enfáticamente los vegetarianos,
que son las nueces fuente generosa de salud. Son ricas en magnesio, potasio,
cobre, fósforo y zinc, sin contar la vitamina B y su contenido en fibras,
elementos que, como bien se sabe, constituyen ingredientes valiosos para
enriquecer la dieta. Cada una tiene un valor considerable de agua, proteínas,
grasas, carbohidratos y fibra respectivamente:
Almendra: 4,4%,
9,9%, 26 gr, 10,2 gr, 3,4 gr
Avellana: 5%,
6,6 gr, 32 gr, 8 gr, 3 gr
Macadamia: 2,9%,
4,3 gr, 37,3 gr, 6,9 gr, 2,5 gr
Merey: 1,7%, 7,7
gr, 23,2 gr, 16,4 gr, 0,9 gr
Nuez: 3,6%, 7,2
gr, 31 gr, 9,2 gr, 2,4 gr
Nuez de Brasil:
3,3%, 7,3 gr, 33,1 gr, 6,4 gr, 5,7 gr
Pecana: 4,8%,
3,9 gr, 33,8 gr, 9,1 gr, 3,3 gr
A continuación
algunas recetas con las cuales puedan experimentar los lectores en sus fogones
y deleitar a quienes les acompañan en diversas ocasiones para compartir ricos
platos. Por su alto contenido nutricional, siempre recomendamos que las
incluyan en sus comidas, seguros de que no sólo tendrán una agradable vivencia
organoléptica sino también una enriquecedora ingesta.
Dulce de merey
de: Eyilda Oliva Burgo - Barinas, Venezuela
1/2 KL DE MEREY PARA 8 PERSONAS.
Ingredientes:
1/2 KL DE MEREY
800 GR DE AZUCAR
3 TAZAS DE AGUA
CLAVITOS DE OLOR (AL GUSTO)
Preparación:
EN UNA OLLA SE MEZCLA EL AZUCAR CON EL AGUA Y SE COLOCA A FUEGO MODERADO,
CON UN TENEDOR SE PINCHAN LOS MEREYES PARA EXTRAERLES TODO EL JUGO QUE SEA
POSIBLE, LUEGO CUANDO ROMPA EL HERVOR DEL AGUA CON EL AZUCAR SE AGREGAN LOS
MEREYES CON LOS CLAVITOS DE OLOR Y SE DEJAN COCINAR POR 35 MINUTOS
APROXIMADAMENTE.
EL TIEMPO DE COCCIÓN DEPENDE DE LA CANTIDAD DE MEREYES A UTILIZAR.
Dulcería
Casi todas las familias
Aguasayeras elaboran para su consumo exquisitos dulces de Merey. Sin embargo,
el dulce ideal para vender al detal y al mayor se prepara en la cocina de Dora
Esperanza González quien tiene 13 años deleitando los paladares de propios y
foráneos con sus dulces de Merey Pasao, Mazapanes y Almendras de Merey, Dulces
de Lechosa, Bocadillos, Pasta y Cascos de Guayaba, así como dulces de Piña,
Jobo, Icaco, Jalea de Mango y exquisitas tortas. Los aguasayeros reconocen que
la especialidad de Dora es el Merey Pasao, dulce que tiene una complicada elaboración
para lo cual se requiere de mucha paciencia y dedicación. Dirección: Calle
Leonardo Infante, Casa # 3.
GASTRONOMÍA
El Estado Bolívar posee una
gastronomía muy variada cuyos platos son determinados por las diferentes
fechas. El casabe forma parte fundamental en el acompañamiento de sus platos,
en los que se destacan el pescado de río, sancochos de res, pabellón criollo,
pastel de morrocoy, entre otros. En los dulces encontramos la naiboa, el
dulce de merey, el dulce de plátano, guayaba, etc...
Delicias del merey
En el oriente venezolano hay una
costumbre que es muy estimada por nuestros pobladores, y es preparar
delicateses con el merey. Del Merey puedo decir que es una fruta muy apreciada,
pues la parte carnosa se come fresca. Con su jugo se hacen conservas, dulces y
confituras y jaleas. De la semilla tostada se prepara el Turrón.
Entre los dulces del merey esta el mazapán, el cual es elaborado con la semilla
del merey, asada con leche y azúcar. El mazapán de merey, hecho de almendra de
merey tostada y molida, con leche y azúcar, es una pieza fundamental del
patrimonio cultural viviente de Guayana. Se come solo, en tortas, con helados y
en natilla de Salsipuedes. Tiene tantos usos como imaginación, gracia y gusto
posea el cocinero.
martes, 15 de abril de 2008
¿Qué es la certeza?
Son muchos los que consideran que para alcanzar la certeza hay que partir de la evidencia, ya que antes de intentar demostrar cualquier cosa tenemos que partir de algo que se supone cierto.
La Certeza se puede definir como “un conocimiento seguro de algo”, es decir aquellos acontecimientos o hechos que debidos a unas demostraciones estamos seguros que se van a producir y que nadie los cuestiona.
El conocimiento humano se pueden clasificar o diferenciar por muchos motivos, pero uno de ellos, es el que los caracteriza por el grado de la verdad:
Duda: la evaluación de un acontecimiento por un individuo sin poder garantizar la verdad ni la falsedad de las cosas.
Opinión: en este caso nos declinamos por una opción ya sea cierta o falsa, pero no sin excluir la otra, es decir opinamos que un evento es cierto pero no podemos demostrarlo por lo que no estamos cien por cien seguros.
La Certeza: cuando un conocimiento ha sido demostrado y podemos afirmar que es verdadero. También podemos considerar como cierto aquellas cosas que por su simplicidad sabemos que ocurren pero no están demostradas.
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La certeza y su relación con la fé (ciencia y religión)
Antes de nada destacar que podemos considerar a la Fé como “la certeza de lo que no se ve”.
La ciencia se basa en la certeza, es decir en el mundo científico tiene como principal objetivo determinar aquellas cosas que son verdaderas
Esta ciencia ha estado enfrentada a lo largo de los años con la religión (cristianismo, Islam…), ya que ha demostrado una serie de acontecimientos y hechos que ha hecho temblar las bases del cristianismo, entre otras religiones.
Esto se debe principalmente a la demostración de la Teoría de la Evolución de Darwin, ya que suponía una gran contradicción al cristianismo que afirmaba que todo fue creado por Dios. Por eso la Iglesia se basa en la fe, que consiste en creer en algo sin cuestionare nada, independientemente de que se haya demostrado o no.
No obstante a pesar de que considero que la ciencia tiene su fundamento en la certeza, se ha llegado a la conclusión de que no todo se puede demostrar y que en ocasiones es necesario partir de hechos que se suponen ciertos para demostrar otros. (Es el caso de los axiomas en matemáticas son principios que se suponen ciertos pero que no se han podido demostrar)
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La certeza en la filosofía
Existen grandes filósofos que han tratado el tema de la certeza a lo largo de los años desde puntos de vistas diferentes.
Me gustaría destacar por su importancia a Rene Descartes, que es considerado como el filósofo más importante de la filosofía moderna, a través del pensamiento cartesiano, que consite en la busqueda de una verdad absoluta a partir de la cual no pueda existir lugar a la duda.
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Opinión
Pienso que es muy complicado decir que algo tiene una certeza absoluta ya que todo depende de los acontecimientos que los rodeen y de la persona que evalúe el hecho. No obstante existen cosas que aunque no pueden ser demostrados todos hemos llegado a la conclusión de su naturaleza verdadera.
Por todo esto normalmente en la vida cotidiana elegimos aquellas cosas que tienen una mayor probabilidad, independientemente de que sean verdaderas o no.
--Angel 13:11 18 may 2007 (CEST)
Solamente añadir a lo que ha escrito antes Ángel que el problemas más importante que veo a la hora de probar si algo es cierto o no, es el hecho de tener que demostrar a su vez los argumentos en los que te basas para demostrar que efectivamente es verdadero. En pocas palabras es la pescadilla que se muerde la cola.
--Jlopez 16:20 20 may 2007 (CEST)
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Referencias
http://www.definicion.org/certeza (concepto de la certeza, "conocimiento seguro de algo")
http://est-biblia.blogspot.com/2007/05/la-fe-1-parte-certeza-convicin-hebreos.html (información sobre la relación de la certeza y la fé, "la certeza de lo que no se va")
http://homoescepticus.blogspot.com/2007/03/duda-opinin-y-certeza.html (información duda, opinión y certeza)
http://www.opcolombia.org/estudio/descartes.html (información sobre René Descartes)
http://es.catholic.net/temacontrovertido/326/2781/articulo.php?id=8702 (información sobre la fe y la certeza)
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Autor
--Angel 19:42 20 jun 2007 (CEST)Angel
¿Certeza?
Enviado el viernes, 06 de octubre de 2006 19:58
El ser humano busca la certeza en su vida. El ser humano es un sistema complejo que vive en otro sistema complejo que lo rodea. Pero en vez de asumir la incertidumbre de ambos sistemas complejos, busca con ahinco una certeza que no aparece por ningún lado.
Los múltiples sistemas religiosos del mundo ofrecen en palabras esa certeza, que sin embargo no se realiza en la práctica. Unos de ellos ofrecen escapar a la reencarnación eterna. ¿Sabe alguien con certeza que algún ser humano haya escapado a una reencarnación sobre la que tampoco existe certeza? Las religiones monoteístas ofrecen un discurso en el que garantizan una vida eterna y la existencia de un guardián que cuida del universo, pero salvo por la afirmación repetida de las personas que lo asumen, no existe certeza alguna de que así sea.
En los siglos XVIII y XIX se asumió que la física, con “leyes” inmutables, ofrecía esa garantía de certeza. Aun hoy Stephen Hawking, entre otros, sigue insistiendo en la existencia de una única ley que gobierne el universo. Pero no hay certeza en la física.
En un cierto momento parecía que las matemáticas ofrecían esa garantía de certeza. Al fin y al cabo, las demostraciones matemáticas son estrictamente lógicas e inapelables. Pero sin embargo las matemáticas necesitan axiomas, y Gödel demostró en el siglo XX que las propias matemáticas no pueden probar sus axiomas.
Se dice que el ser humano está programado para buscar esa certeza. Yo dudo mucho que el ser humano esté programado para nada. Sospecho, pero no lo puedo probar, que el ser humano es un ser libre, con muy escasa programación, o más bien con una inmensa cantidad de posibilidades de las cuales elige, voluntaria o involuntariamente, algunas de ellas.
Si no existe la certeza en el mundo, y si el ser humano es libre, ¿qué puede hacer ese ser humano?
Puede aprender a vivir con la incertidumbre. La incertidumbre es esencial en el universo. Ayer leía sobre las contribuciones de Ludwig Boltzmann al problema de la irreversibilidad. El comentarista, Carlo Cercignani, insiste en su comentario en una falacia repetida hasta la saciedad en los libros de texto y en los artículos de las revistas de física. Se pregunta Cercignani que como es posible que una taza de café que se cae y se rompe no se auto reconstruya ella sola, siguiendo las reversibles leyes de la mecánica. Olvida Cercignani que en las reversibles “leyes” de la mecánica intervienen las condiciones de contorno, que son desconocidas para estas leyes, y que, incluso a nivel elemental impiden, salvo una inyección substancial de energía, que las condiciones iniciales del problema se repitan de tal forma que los movimientos sean reversibles. Aparece aquí la misma confusión entre realidad y deseo que mencionaba más arriba. Las ecuaciones son reversibles, pero la solución de esas ecuaciones precisa de otras cosas que no lo son.
El movimiento de los cuerpos en un ambiente complejo es no determinista, es esencialmente probabilístico. Conocida la condición inicial, el movimiento depende de las interacciones del cuerpo con lo que le rodea. El movimiento de los fluidos, el clima, el movimiento natural de los cuerpos es esencialmente aleatorio, con un mayor o menor grado de aleatoriedad, pero aleatorio, al fin y al cabo. Por lo tanto no hay certeza, no solo en el cambio climático, sino ni siquiera en que si dejo una piedra en el aire ésta no ascienda.. La probabilidad de que en el momento en que yo la deje suelta no ocurra debajo de ella un tornado que la levante por los aires es muy, muy pequeña, pero no es exactamente igual a cero.
No podemos, pues, exigir certeza, sino grados de probabilidad. Cuando alguien escribe que no se ha podido probar que estemos en medio de un cambio climático de ritmo 10 veces superior a otros que ha habido en el planeta, yo no tengo más remedio que responderle: ¿Puedes probar tu que ahora es de día? Podemos estar equivocados todos los seres humanos y ser la realidad ahora la noche. No es probable que nos equivoquemos todos a una, pero es posible.
¿Qué es lo que se ha probado en este mundo con probabilidad igual al 100.0000000000 ....0 ...%? Si no se puede probar nada con esa probabilidad, ¿qué sentido tiene el decir que “no se ha probado el tan manido cambio climático?
En las novelas de Chandler se dice una y otra vez que nunca se puede probar quien es el asesino. Incluso si hubiese 20 testigos del asesinato, nadie puede probar que el disparo fatal no lo hubiese hecho otra persona a 1000 metros de distancia una milésima de segundo antes de que el sospechoso disparase. El ser humano no trabaja con “pruebas exactas” sino con probabilidades. El mundo no es determinista, sino fluctuante.
Mi argumento en pro de cambiar de paradigma energético se basa en que no podemos saber de manera exacta lo que nos va a deparar el futuro, y por tanto tenemos que invertir fuertemente en alternativas para poder afrontar cualquier evolución de ese futuro, introduciendo en ellas diferentes grados de plausibilidad derivados de análisis estadísticos. Es altamente probable que el cambio climático en que estamos inmersos llegue, si seguimos emitiendo CO2, a una subida de la TMG de 6ºC. La probabilidad no es del 100.000000000000000000....0...... %, pero es una probabilidad alta. ¿No vale la pena invertir en energía solar para hacer bajar esa probabilidad, sobre todo sabiendo que substituir el petróleo por esta energía solar tiene una alta probabilidad de aumentar nuestro bienestar?
No hay certeza en el mundo. ¿Elegimos aquello que presenta la mejor probabilidad ?
René Descartes
La pasión por la certeza y el método cartesiano
La pasión por la razón y la certeza
El pensamiento cartesiano puede considerarse como una respuesta a la incertidumbre de la época en la que fue formulado: por un lado, el hundimiento de un modelo científico (el geocentrismo) y el nacimiento de una nueva forma de ver el universo (heliocentrismo) cuyas consecuencias marcarán la modernidad. Por otro lado, el siglo XVI está condicionado por la escisión que se produce entre el catolicismo y el protestantismo. La ciencia y la religión, las dos grandes “fuentes” de la verdad, se ven acosadas por la duda, problema teórico que se verá acompañado de consecuencias prácticas: condena a Galileo, guerras de religión… En estas circunstancias de crisis, Descartes intenta construir un sistema filosófico que resuelva esa incertidumbre generalizada, encontrando en la razón humana la roca firme sobre la que construir un sistema de conocimiento que resista el ataque de la duda, una filosofía en la que el error no tenga cabida. Por eso no es de extrañar que sea la matemática su ciencia preferida, y que despreciara la educación libresca. El proyecto filosófico cartesiano destaca precisamente por su aspiración a unificar todas las ciencias, que deben utilizar el mismo método. Por ello, el problema del método será uno de los que más atención reciba en su sistema: los errores teóricos no proceden de la falta de inteligencia, sino del camino seguido para encontrar la verdad. Y este método no puede ser otro que el matemático como veremos más adelante. Este proyecto de unificar las ciencias se reflejará en una conocida metáfora cartesiana, según la cual todos los saberes humanos forman una unidad orgánica, similar a un árbol:
“Toda la filosofía es como un árbol, cuyas raíces son la metafísica, el tronco es la física y las ramas que salen de ese tronco son todas las demás ciencias, las cuales se pueden reducir a tres principales: la medicina, la mecánica y la moral.”
Bajo estos parámetros, la filosofía cartesiana intentará encontrar una certeza sobre la que construir una ciencia segura e indudable. Un desarrollo teórico infalible, que vuelva a posibilitar la aparición de verdades universales.
El método cartesiano
El carácter científico de Descartes queda bien claro desde el mismo título de una de sus obras centrales: Discurso del método para dirigir bien la razón y buscar la verdad en las ciencias, seguido de la Dióptrica los Meteoros y la Geometría. Ciencia y filosofía van muy unidas en toda la obra cartesiana, y no sólo por la metáfora del árbol, sino también por un nervio común que vertebra todas las disciplinas: el método. Para Descartes la diversidad de opiniones y el error que de la misma puede derivarse no es consecuencia de una falta de inteligencia, sino del método seguido. La inteligencia aplicada por el mal camino no puede conducirnos muy lejos, y por eso hemos de plantearnos, antes de lanzarnos a la búsqueda de la verdad, cuál es el camino que mejor puede conducirnos a su consecución. Todos los enfrentamientos y problemas teóricos pueden disolverse si fijamos un método, un conjunto de “reglas ciertas y fáciles, gracias a las cuales todos los que las observen exactamente no tomarán nunca por verdadero lo es que es falso, y alcanzarán –sin fatigarse con esfuerzos inútiles, sino acrecentando progresivamente su saber- el conocimiento verdadero de todo aquello de que sean capaces”. Estas reglas deben salvarnos de la crisis de fundamentos a la que antes hacíamos referencia, a ese “vacío” de verdad que se produce a lo largo del siglo XVI. La motivación esencial de Descartes al emprender esta tarea metódica es superar esa irreconciliable oposición entre teorías, religiones y puntos de vista, ese desfondamiento que deriva de la inseguridad ante verdades contradictorias.
El método cartesiano tiene como referencias dos elementos distintos:
1) Por un lado, el método de resolución-composición de la escuela de Padua y Galileo. Según este método, ante cualquier problema científico debían seleccionarse, en primer lugar, las variables relevantes (propiedades esenciales), para a continuación, en un proceso abstractivo, establecer hipótesis teóricas expresadas matemáticamente que explicaran el fenómeno. De estas hipótesis se deducirían (de ahí proviene el nombre de método hipotético-deductivo) diversas consecuencias que debían ser comprobadas por medio de un experimento, que evaluará su veracidad. Si bien dicho método combina la experiencia con el trabajo deductivo, Descartes privilegiará el razonamiento sobre cualquier tipo de experimentación empírica. El análisis conceptual y la deducción racional se imponen sobre el conocimiento sensible, que a menudo es responsable de muchos de nuestros errores.
2) La influencia de las matemáticas. Si algo maravillaba a Descartes de esta ciencia, era precisamente que todos sus desarrollos pueden seguirse sin necesidad de apelar a la experiencia. En matemática las verdades son evidentes y demostrables, y basta la razón para conocerlas. De hecho, el precedente más remoto del método cartesiano podemos encontrarlo ya en la geometría de Euclides: se trata en definitiva de ir deduciendo nuevas y más complejas verdades tomando como punto de partida otras más sencillas y evidentes.
La propuesta cartesiana tiene, por tanto un doble objetivo: pretende evitar el error y llegar a verdades indudables, y por otro lado extraer nuevas verdades a partir de las ya conocidas. Para ello, Descartes afirma la necesidad de destruir todo el conocimiento anterior, y comenzar a levantar un nuevo edificio del conocimiento (tarea constructiva, ars inveniendi), en el que sólo aparezca la verdad y sean eliminados los prejuicios o las verdades basadas en argumentos de autoridad. En esta labor de destrucción y construcción, intervendrán dos facultades características de la razón humana: la intuición y la deducción. La primera, por la que conocemos de un modo inmediato verdades evidentes, juega un papel esencial en las dos primeras reglas, mientras que la segunda, por la que accedemos a nuevas verdades a partir de las ya conocidas, es la protagonista de las dos segundas. Las reglas del método cartesiano, tal y como aparecen en el Discurso del método, son las siguientes:
Regla de la evidencia: “No admitir jamás como verdadero cosa alguna sin conocer con evidencia que lo era; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios más que lo que se presentare a mi espíritu tan clara y distintamente que no tuviese motivo alguno para ponerlo en duda.”
Regla del análisis: “Dividir cada una de las dificultades que examinase en tantas partes como fuera posible, y cuantas requiriese su mejor solución.
Regla de la síntesis: “Conducir ordenadamente mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, como por grados hasta el conocimiento de los más compuestos; y suponiendo un orden aun entre aquellos que no se preceden naturalmente unos a otros.”
Regla de las comprobaciones: “Hacer en todo enumeraciones tan completas, y revisiones tan generales, que estuviera seguro de no olvidar nada”
La primera regla establece la evidencia como el criterio último para separar lo verdadero de lo falso. La verdad debe ser evidente, y para acceder a la misma necesitamos de la intuición, de un acto puramente racional por el que la mente “ve” de un modo inmediato, directo y transparente una idea. La evidencia sería la propiedad de aquella idea que le hace aparecer ante la mente con claridad y distinción. A su vez, Descartes explica también ambos conceptos: es clara la idea que es “presente y manifiesta a un espíritu atento”, mientras que es distinta “la que es de tal modo precisa y diferente de todas las demás que no comprende en sí misma más que lo que aparece manifiestamente a quien la considera como es debido."
Una de las consecuencias más importantes de esta regla es que la realidad pierde la objetividad. Ya no hay una realidad fuera del sujeto, sino que ésta queda convertida en un contenido más del pensamiento. Así, la verdad pierde su dimensión ontológica: no hay una verdad en la realidad, una adecuación entre pensamiento y realidad. Ahora la verdad es una propiedad de las ideas que les hace aparecer como evidentes. Verdad es, para Descartes, igual a evidencia, y el mundo se subjetiviza, es un contenido de la conciencia del sujeto, lo que después planteará el problema de cómo enlazar con el mundo material que percibimos a través de los sentidos.
Si la primera regla pretende alcanzar las primeras verdades, la segunda y la tercera nos explican cómo podemos deducir nuevas verdades a partir de las ideas claras y distintas ya conseguidas. En la primera parte (regla del análisis) se descompone el problema hasta sus partes más sencillas (naturalezas simples, resultado del proceso analítico). A continuación se procede a la inversa, recomponiendo el problema original, con la ventaja de conocer ahora sus partes más elementales y las relaciones que existen entre ellas. En este proceso interviene la deducción, que es la que se encarga de relacionar correctamente unas ideas con otras.
Por último, como medida de precaución, Descartes exige que se realicen distintas comprobaciones de todo el proceso recorrido, especialmente en lo que respecta al análisis y la síntesis, que son las partes del método en las que más fácilmente pueden colarse los errores. Como resultado de todo esto, se tendrá un sistema de conocimiento con garantías de certeza, puesto que cada regla soporta y transmite la verdad en todo el recorrido.
Son muchos los que consideran que para alcanzar la certeza hay que partir de la evidencia, ya que antes de intentar demostrar cualquier cosa tenemos que partir de algo que se supone cierto.
La Certeza se puede definir como “un conocimiento seguro de algo”, es decir aquellos acontecimientos o hechos que debidos a unas demostraciones estamos seguros que se van a producir y que nadie los cuestiona.
El conocimiento humano se pueden clasificar o diferenciar por muchos motivos, pero uno de ellos, es el que los caracteriza por el grado de la verdad:
Duda: la evaluación de un acontecimiento por un individuo sin poder garantizar la verdad ni la falsedad de las cosas.
Opinión: en este caso nos declinamos por una opción ya sea cierta o falsa, pero no sin excluir la otra, es decir opinamos que un evento es cierto pero no podemos demostrarlo por lo que no estamos cien por cien seguros.
La Certeza: cuando un conocimiento ha sido demostrado y podemos afirmar que es verdadero. También podemos considerar como cierto aquellas cosas que por su simplicidad sabemos que ocurren pero no están demostradas.
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La certeza y su relación con la fé (ciencia y religión)
Antes de nada destacar que podemos considerar a la Fé como “la certeza de lo que no se ve”.
La ciencia se basa en la certeza, es decir en el mundo científico tiene como principal objetivo determinar aquellas cosas que son verdaderas
Esta ciencia ha estado enfrentada a lo largo de los años con la religión (cristianismo, Islam…), ya que ha demostrado una serie de acontecimientos y hechos que ha hecho temblar las bases del cristianismo, entre otras religiones.
Esto se debe principalmente a la demostración de la Teoría de la Evolución de Darwin, ya que suponía una gran contradicción al cristianismo que afirmaba que todo fue creado por Dios. Por eso la Iglesia se basa en la fe, que consiste en creer en algo sin cuestionare nada, independientemente de que se haya demostrado o no.
No obstante a pesar de que considero que la ciencia tiene su fundamento en la certeza, se ha llegado a la conclusión de que no todo se puede demostrar y que en ocasiones es necesario partir de hechos que se suponen ciertos para demostrar otros. (Es el caso de los axiomas en matemáticas son principios que se suponen ciertos pero que no se han podido demostrar)
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La certeza en la filosofía
Existen grandes filósofos que han tratado el tema de la certeza a lo largo de los años desde puntos de vistas diferentes.
Me gustaría destacar por su importancia a Rene Descartes, que es considerado como el filósofo más importante de la filosofía moderna, a través del pensamiento cartesiano, que consite en la busqueda de una verdad absoluta a partir de la cual no pueda existir lugar a la duda.
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Opinión
Pienso que es muy complicado decir que algo tiene una certeza absoluta ya que todo depende de los acontecimientos que los rodeen y de la persona que evalúe el hecho. No obstante existen cosas que aunque no pueden ser demostrados todos hemos llegado a la conclusión de su naturaleza verdadera.
Por todo esto normalmente en la vida cotidiana elegimos aquellas cosas que tienen una mayor probabilidad, independientemente de que sean verdaderas o no.
--Angel 13:11 18 may 2007 (CEST)
Solamente añadir a lo que ha escrito antes Ángel que el problemas más importante que veo a la hora de probar si algo es cierto o no, es el hecho de tener que demostrar a su vez los argumentos en los que te basas para demostrar que efectivamente es verdadero. En pocas palabras es la pescadilla que se muerde la cola.
--Jlopez 16:20 20 may 2007 (CEST)
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Referencias
http://www.definicion.org/certeza (concepto de la certeza, "conocimiento seguro de algo")
http://est-biblia.blogspot.com/2007/05/la-fe-1-parte-certeza-convicin-hebreos.html (información sobre la relación de la certeza y la fé, "la certeza de lo que no se va")
http://homoescepticus.blogspot.com/2007/03/duda-opinin-y-certeza.html (información duda, opinión y certeza)
http://www.opcolombia.org/estudio/descartes.html (información sobre René Descartes)
http://es.catholic.net/temacontrovertido/326/2781/articulo.php?id=8702 (información sobre la fe y la certeza)
[editar]
Autor
--Angel 19:42 20 jun 2007 (CEST)Angel
¿Certeza?
Enviado el viernes, 06 de octubre de 2006 19:58
El ser humano busca la certeza en su vida. El ser humano es un sistema complejo que vive en otro sistema complejo que lo rodea. Pero en vez de asumir la incertidumbre de ambos sistemas complejos, busca con ahinco una certeza que no aparece por ningún lado.
Los múltiples sistemas religiosos del mundo ofrecen en palabras esa certeza, que sin embargo no se realiza en la práctica. Unos de ellos ofrecen escapar a la reencarnación eterna. ¿Sabe alguien con certeza que algún ser humano haya escapado a una reencarnación sobre la que tampoco existe certeza? Las religiones monoteístas ofrecen un discurso en el que garantizan una vida eterna y la existencia de un guardián que cuida del universo, pero salvo por la afirmación repetida de las personas que lo asumen, no existe certeza alguna de que así sea.
En los siglos XVIII y XIX se asumió que la física, con “leyes” inmutables, ofrecía esa garantía de certeza. Aun hoy Stephen Hawking, entre otros, sigue insistiendo en la existencia de una única ley que gobierne el universo. Pero no hay certeza en la física.
En un cierto momento parecía que las matemáticas ofrecían esa garantía de certeza. Al fin y al cabo, las demostraciones matemáticas son estrictamente lógicas e inapelables. Pero sin embargo las matemáticas necesitan axiomas, y Gödel demostró en el siglo XX que las propias matemáticas no pueden probar sus axiomas.
Se dice que el ser humano está programado para buscar esa certeza. Yo dudo mucho que el ser humano esté programado para nada. Sospecho, pero no lo puedo probar, que el ser humano es un ser libre, con muy escasa programación, o más bien con una inmensa cantidad de posibilidades de las cuales elige, voluntaria o involuntariamente, algunas de ellas.
Si no existe la certeza en el mundo, y si el ser humano es libre, ¿qué puede hacer ese ser humano?
Puede aprender a vivir con la incertidumbre. La incertidumbre es esencial en el universo. Ayer leía sobre las contribuciones de Ludwig Boltzmann al problema de la irreversibilidad. El comentarista, Carlo Cercignani, insiste en su comentario en una falacia repetida hasta la saciedad en los libros de texto y en los artículos de las revistas de física. Se pregunta Cercignani que como es posible que una taza de café que se cae y se rompe no se auto reconstruya ella sola, siguiendo las reversibles leyes de la mecánica. Olvida Cercignani que en las reversibles “leyes” de la mecánica intervienen las condiciones de contorno, que son desconocidas para estas leyes, y que, incluso a nivel elemental impiden, salvo una inyección substancial de energía, que las condiciones iniciales del problema se repitan de tal forma que los movimientos sean reversibles. Aparece aquí la misma confusión entre realidad y deseo que mencionaba más arriba. Las ecuaciones son reversibles, pero la solución de esas ecuaciones precisa de otras cosas que no lo son.
El movimiento de los cuerpos en un ambiente complejo es no determinista, es esencialmente probabilístico. Conocida la condición inicial, el movimiento depende de las interacciones del cuerpo con lo que le rodea. El movimiento de los fluidos, el clima, el movimiento natural de los cuerpos es esencialmente aleatorio, con un mayor o menor grado de aleatoriedad, pero aleatorio, al fin y al cabo. Por lo tanto no hay certeza, no solo en el cambio climático, sino ni siquiera en que si dejo una piedra en el aire ésta no ascienda.. La probabilidad de que en el momento en que yo la deje suelta no ocurra debajo de ella un tornado que la levante por los aires es muy, muy pequeña, pero no es exactamente igual a cero.
No podemos, pues, exigir certeza, sino grados de probabilidad. Cuando alguien escribe que no se ha podido probar que estemos en medio de un cambio climático de ritmo 10 veces superior a otros que ha habido en el planeta, yo no tengo más remedio que responderle: ¿Puedes probar tu que ahora es de día? Podemos estar equivocados todos los seres humanos y ser la realidad ahora la noche. No es probable que nos equivoquemos todos a una, pero es posible.
¿Qué es lo que se ha probado en este mundo con probabilidad igual al 100.0000000000 ....0 ...%? Si no se puede probar nada con esa probabilidad, ¿qué sentido tiene el decir que “no se ha probado el tan manido cambio climático?
En las novelas de Chandler se dice una y otra vez que nunca se puede probar quien es el asesino. Incluso si hubiese 20 testigos del asesinato, nadie puede probar que el disparo fatal no lo hubiese hecho otra persona a 1000 metros de distancia una milésima de segundo antes de que el sospechoso disparase. El ser humano no trabaja con “pruebas exactas” sino con probabilidades. El mundo no es determinista, sino fluctuante.
Mi argumento en pro de cambiar de paradigma energético se basa en que no podemos saber de manera exacta lo que nos va a deparar el futuro, y por tanto tenemos que invertir fuertemente en alternativas para poder afrontar cualquier evolución de ese futuro, introduciendo en ellas diferentes grados de plausibilidad derivados de análisis estadísticos. Es altamente probable que el cambio climático en que estamos inmersos llegue, si seguimos emitiendo CO2, a una subida de la TMG de 6ºC. La probabilidad no es del 100.000000000000000000....0...... %, pero es una probabilidad alta. ¿No vale la pena invertir en energía solar para hacer bajar esa probabilidad, sobre todo sabiendo que substituir el petróleo por esta energía solar tiene una alta probabilidad de aumentar nuestro bienestar?
No hay certeza en el mundo. ¿Elegimos aquello que presenta la mejor probabilidad ?
René Descartes
La pasión por la certeza y el método cartesiano
La pasión por la razón y la certeza
El pensamiento cartesiano puede considerarse como una respuesta a la incertidumbre de la época en la que fue formulado: por un lado, el hundimiento de un modelo científico (el geocentrismo) y el nacimiento de una nueva forma de ver el universo (heliocentrismo) cuyas consecuencias marcarán la modernidad. Por otro lado, el siglo XVI está condicionado por la escisión que se produce entre el catolicismo y el protestantismo. La ciencia y la religión, las dos grandes “fuentes” de la verdad, se ven acosadas por la duda, problema teórico que se verá acompañado de consecuencias prácticas: condena a Galileo, guerras de religión… En estas circunstancias de crisis, Descartes intenta construir un sistema filosófico que resuelva esa incertidumbre generalizada, encontrando en la razón humana la roca firme sobre la que construir un sistema de conocimiento que resista el ataque de la duda, una filosofía en la que el error no tenga cabida. Por eso no es de extrañar que sea la matemática su ciencia preferida, y que despreciara la educación libresca. El proyecto filosófico cartesiano destaca precisamente por su aspiración a unificar todas las ciencias, que deben utilizar el mismo método. Por ello, el problema del método será uno de los que más atención reciba en su sistema: los errores teóricos no proceden de la falta de inteligencia, sino del camino seguido para encontrar la verdad. Y este método no puede ser otro que el matemático como veremos más adelante. Este proyecto de unificar las ciencias se reflejará en una conocida metáfora cartesiana, según la cual todos los saberes humanos forman una unidad orgánica, similar a un árbol:
“Toda la filosofía es como un árbol, cuyas raíces son la metafísica, el tronco es la física y las ramas que salen de ese tronco son todas las demás ciencias, las cuales se pueden reducir a tres principales: la medicina, la mecánica y la moral.”
Bajo estos parámetros, la filosofía cartesiana intentará encontrar una certeza sobre la que construir una ciencia segura e indudable. Un desarrollo teórico infalible, que vuelva a posibilitar la aparición de verdades universales.
El método cartesiano
El carácter científico de Descartes queda bien claro desde el mismo título de una de sus obras centrales: Discurso del método para dirigir bien la razón y buscar la verdad en las ciencias, seguido de la Dióptrica los Meteoros y la Geometría. Ciencia y filosofía van muy unidas en toda la obra cartesiana, y no sólo por la metáfora del árbol, sino también por un nervio común que vertebra todas las disciplinas: el método. Para Descartes la diversidad de opiniones y el error que de la misma puede derivarse no es consecuencia de una falta de inteligencia, sino del método seguido. La inteligencia aplicada por el mal camino no puede conducirnos muy lejos, y por eso hemos de plantearnos, antes de lanzarnos a la búsqueda de la verdad, cuál es el camino que mejor puede conducirnos a su consecución. Todos los enfrentamientos y problemas teóricos pueden disolverse si fijamos un método, un conjunto de “reglas ciertas y fáciles, gracias a las cuales todos los que las observen exactamente no tomarán nunca por verdadero lo es que es falso, y alcanzarán –sin fatigarse con esfuerzos inútiles, sino acrecentando progresivamente su saber- el conocimiento verdadero de todo aquello de que sean capaces”. Estas reglas deben salvarnos de la crisis de fundamentos a la que antes hacíamos referencia, a ese “vacío” de verdad que se produce a lo largo del siglo XVI. La motivación esencial de Descartes al emprender esta tarea metódica es superar esa irreconciliable oposición entre teorías, religiones y puntos de vista, ese desfondamiento que deriva de la inseguridad ante verdades contradictorias.
El método cartesiano tiene como referencias dos elementos distintos:
1) Por un lado, el método de resolución-composición de la escuela de Padua y Galileo. Según este método, ante cualquier problema científico debían seleccionarse, en primer lugar, las variables relevantes (propiedades esenciales), para a continuación, en un proceso abstractivo, establecer hipótesis teóricas expresadas matemáticamente que explicaran el fenómeno. De estas hipótesis se deducirían (de ahí proviene el nombre de método hipotético-deductivo) diversas consecuencias que debían ser comprobadas por medio de un experimento, que evaluará su veracidad. Si bien dicho método combina la experiencia con el trabajo deductivo, Descartes privilegiará el razonamiento sobre cualquier tipo de experimentación empírica. El análisis conceptual y la deducción racional se imponen sobre el conocimiento sensible, que a menudo es responsable de muchos de nuestros errores.
2) La influencia de las matemáticas. Si algo maravillaba a Descartes de esta ciencia, era precisamente que todos sus desarrollos pueden seguirse sin necesidad de apelar a la experiencia. En matemática las verdades son evidentes y demostrables, y basta la razón para conocerlas. De hecho, el precedente más remoto del método cartesiano podemos encontrarlo ya en la geometría de Euclides: se trata en definitiva de ir deduciendo nuevas y más complejas verdades tomando como punto de partida otras más sencillas y evidentes.
La propuesta cartesiana tiene, por tanto un doble objetivo: pretende evitar el error y llegar a verdades indudables, y por otro lado extraer nuevas verdades a partir de las ya conocidas. Para ello, Descartes afirma la necesidad de destruir todo el conocimiento anterior, y comenzar a levantar un nuevo edificio del conocimiento (tarea constructiva, ars inveniendi), en el que sólo aparezca la verdad y sean eliminados los prejuicios o las verdades basadas en argumentos de autoridad. En esta labor de destrucción y construcción, intervendrán dos facultades características de la razón humana: la intuición y la deducción. La primera, por la que conocemos de un modo inmediato verdades evidentes, juega un papel esencial en las dos primeras reglas, mientras que la segunda, por la que accedemos a nuevas verdades a partir de las ya conocidas, es la protagonista de las dos segundas. Las reglas del método cartesiano, tal y como aparecen en el Discurso del método, son las siguientes:
Regla de la evidencia: “No admitir jamás como verdadero cosa alguna sin conocer con evidencia que lo era; es decir, evitar cuidadosamente la precipitación y la prevención, y no comprender en mis juicios más que lo que se presentare a mi espíritu tan clara y distintamente que no tuviese motivo alguno para ponerlo en duda.”
Regla del análisis: “Dividir cada una de las dificultades que examinase en tantas partes como fuera posible, y cuantas requiriese su mejor solución.
Regla de la síntesis: “Conducir ordenadamente mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer, para ir ascendiendo poco a poco, como por grados hasta el conocimiento de los más compuestos; y suponiendo un orden aun entre aquellos que no se preceden naturalmente unos a otros.”
Regla de las comprobaciones: “Hacer en todo enumeraciones tan completas, y revisiones tan generales, que estuviera seguro de no olvidar nada”
La primera regla establece la evidencia como el criterio último para separar lo verdadero de lo falso. La verdad debe ser evidente, y para acceder a la misma necesitamos de la intuición, de un acto puramente racional por el que la mente “ve” de un modo inmediato, directo y transparente una idea. La evidencia sería la propiedad de aquella idea que le hace aparecer ante la mente con claridad y distinción. A su vez, Descartes explica también ambos conceptos: es clara la idea que es “presente y manifiesta a un espíritu atento”, mientras que es distinta “la que es de tal modo precisa y diferente de todas las demás que no comprende en sí misma más que lo que aparece manifiestamente a quien la considera como es debido."
Una de las consecuencias más importantes de esta regla es que la realidad pierde la objetividad. Ya no hay una realidad fuera del sujeto, sino que ésta queda convertida en un contenido más del pensamiento. Así, la verdad pierde su dimensión ontológica: no hay una verdad en la realidad, una adecuación entre pensamiento y realidad. Ahora la verdad es una propiedad de las ideas que les hace aparecer como evidentes. Verdad es, para Descartes, igual a evidencia, y el mundo se subjetiviza, es un contenido de la conciencia del sujeto, lo que después planteará el problema de cómo enlazar con el mundo material que percibimos a través de los sentidos.
Si la primera regla pretende alcanzar las primeras verdades, la segunda y la tercera nos explican cómo podemos deducir nuevas verdades a partir de las ideas claras y distintas ya conseguidas. En la primera parte (regla del análisis) se descompone el problema hasta sus partes más sencillas (naturalezas simples, resultado del proceso analítico). A continuación se procede a la inversa, recomponiendo el problema original, con la ventaja de conocer ahora sus partes más elementales y las relaciones que existen entre ellas. En este proceso interviene la deducción, que es la que se encarga de relacionar correctamente unas ideas con otras.
Por último, como medida de precaución, Descartes exige que se realicen distintas comprobaciones de todo el proceso recorrido, especialmente en lo que respecta al análisis y la síntesis, que son las partes del método en las que más fácilmente pueden colarse los errores. Como resultado de todo esto, se tendrá un sistema de conocimiento con garantías de certeza, puesto que cada regla soporta y transmite la verdad en todo el recorrido.
Teoría del conocimiento / Epistemología
(del griego, episteme, 'conocimiento'; logos, 'teoría')
Rama de la filosofía que trata de los problemas filosóficos que rodean la teoría del conocimiento. La epistemología se ocupa de la definición del saber y de los conceptos relacionados, de las fuentes, los criterios, los tipos de conocimiento posible y el grado con el que cada uno resulta cierto; así como la relación exacta entre el que conoce y el objeto conocido.
INTRODUCCIÓN.
He aquí unos de los grandes temas de la filosofía de todos los tiempos :elucidar en que consiste el acto de conocer, cual es la escencia del conocimiento, cual es la relación cognoscitiva entre el hombre y las cosas que lo rodean. A pesar de que es una operación cotidiana no hay un acuerdo acerca de lo que sucede cuando conocemos algo. La definición más sencilla nos dice que conocer consiste en obtener una información acerca de un objeto. Conocer es conseguir un dato o una noticia sobre algo. El conocimiento es esa noticia o información acerca de ése objeto.
La teoría del conocimiento es una doctrina filosófica. Para precisar su ubicación en el todo que es la filosofía, es necesario que antes aparezca una definición esencial de esta.
Una definición esencial de la filosofía se podría obtener atendiendo el significado de la palabra. El termino filosofía deriva del griego y quiere decir amor a la sabiduría o , lo que es lo mismo, deseo de saber, de conocer. Inmediatamente se nota que no se puede de obtener de la filosofía una definición esencial, y, por lo tanto, obligatoriamente se debe de emplear otro método.
Por ejemplo la definición de filosofía que presentan Platón y Aristóteles como ciencia pura, es respectivamente la búsqueda de la virtud o de la felicidad.
Como dice Dilthey: ¨Lo primero que debemos intentar es descubrir un objetivo común contenido en todos aquellos sistemas a cuya vista se constituyen todos aquellos sistemas de la filosofía".
Estos sistemas son los de Platón y Aristóteles, Descartes y Leibnitz, Kant y Hegel ya que en todos ellos hallaremos una inclinación en la universalidad, una orientación en la totalidad objetiva por ejemplo: el ser, la esencia, el conocimiento.
En los principios de la edad moderna retomamos los caminos del concepto Aristotélico (tiene como centro una ciencia universal del ser). Los sistemas de Descartes, Spinoza y Leibnitz, presentan la misma orientación que caracteriza al Estagirita, ya que todos tienden al conocimiento del mundo objetivo. Kant por el contrario revive el estilo Platónico (procura elevar la vida, con todos sus conceptos a la conciencia filosófica).
Es verdad que Kant en su primera manifestación surge como una teoría del conocimiento o como base crítica del estudio científico. Pero no se detiene en el ámbito teórico sino que avanza a formular la base crítica de todos los campos conocibles. Al lado de la Crítica de la razón pura, se encuentra la Crítica de la razón práctica, que aborda el tema de la valorización moral, y la Crítica del juicio, cuyo objetivo son las investigaciones críticas de los valores estéticos. Así pues, en Kant aparece la filosofía como una reflexión universal del pensamiento sobre sí mismo, como una reflexión del hombre estudioso sobre los valores de su conducta.
La supresión de todos los principios materiales y objetivos, los cuales existen indudablemente en Kant, de manera que la filosofía asume un carácter puramente formal y metodológico. Ésta postura intelectual provoca una reacción que forja un nuevo movimiento en el pensamiento filosófico, el cual vuelve a inclinarse a lo material y objetivo, constituyendo una renovación del carácter aristotélico.
Éste breve repaso de toda la evolución histórica del pensamiento filosófico, nos permite determinar otros dos elementos del concepto esencial de la filosofía. Al primero se conoce con la expresión "concepción del yo"; al segundo se le llama "concepción del universo". La filosofía es ambas cosas: una concepción del yo y una concepción del universo.
En todo conocimiento podemos distinguir cuatro elementos:
· El sujeto que conoce.
· El objeto conocido.
· La operación misma de conocer.
· El resultado obtenido que es la información recabada acerca del objeto.
Dicho de otra manera: el sujeto se pone en contacto con el objeto y obtiene una información acerca del mismo. Cuando existe congruencia o adecuación entre el objeto y la representación interna correspondiente, decimos que estamos en posesión de una verdad.
PROBLEMAS FILOSÓFICOS GRIEGOS Y MEDIEVALES.
En el siglo V a.C., los sofistas griegos cuestionaron la posibilidad de que hubiera un conocimiento fiable y objetivo. Por ello, uno de los principales sofistas, Gorgias, afirmó que nada puede existir en realidad, que si algo existe no se puede conocer, y que si su conocimiento fuera posible, no se podría comunicar. Otro sofista importante, Protágoras, mantuvo que ninguna opinión de una persona es más correcta que la de otra, porque cada individuo es el único juez de su propia experiencia. Platón, siguiendo a su ilustre maestro Sócrates, intentó contestar a los sofistas dando por sentado la existencia de un mundo de formas o ideas, invariables e invisibles, sobre las que es posible adquirir un conocimiento exacto y certero. Mantenía que las cosas que uno ve y palpa son copias imperfectas de las formas puras estudiadas en matemáticas y filosofía. Por consiguiente, sólo el razonamiento abstracto de esas disciplinas proporciona un conocimiento verdadero, mientras que la percepción facilita opiniones vagas e inconsistentes. Concluyó que la contemplación filosófica del mundo oculto de las ideas es el fin más elevado de la existencia humana.
Aristóteles siguió a Platón al considerar el conocimiento abstracto superior a cualquier otro, pero discrepó de su juicio en cuanto al método apropiado para alcanzarlo. Aristóteles mantenía que casi todo el conocimiento se deriva de la experiencia. El conocimiento se adquiere ya sea por vía directa, con la abstracción de los rasgos que definen a una especie, o de forma indirecta, deduciendo nuevos datos de aquellos ya sabidos, de acuerdo con las reglas de la lógica. La observación cuidadosa y la adhesión estricta a las reglas de la lógica, que por primera vez fueron expuestas de forma sistemática por Aristóteles, ayudarían a superar las trampas teóricas que los sofistas habían expuesto. Las escuelas estoica y epicúrea coincidieron con Aristóteles en que el conocimiento nace de la percepción pero, al contrario que Aristóteles y Platón, mantenían que la filosofía había de ser considerada como una guía práctica para la vida y no como un fin en sí misma.
Después de varios siglos de declive del interés por el conocimiento racional y científico, el filósofo escolástico (véase Escolasticismo) santo Tomás de Aquino y otros filósofos de la edad media ayudaron a devolver la confianza en la razón y la experiencia, combinando los métodos racionales y la fe en un sistema unificado de creencias. Tomás de Aquino coincidió con Aristóteles en considerar la percepción como el punto de partida y la lógica como el procedimiento intelectual para llegar a un conocimiento fiable de la naturaleza, pero estimó que la fe en la autoridad bíblica era la principal fuente de la creencia religiosa.
LOS TRES NIVELES DEL CONOCIMIENTO.
El ser humano puede captar un objeto en tres diferentes niveles, sensible, conceptual y holístico. El conocimiento sensible consiste en captar un objeto por medio de los sentidos; tal es el caso de las imágenes captadas por medio de la vista. Gracias a ella podemos almacenar en nuestra mente las imágenes de las cosas, con color, figura y dimensiones. Los ojos y los oídos son los principales sentidos utilizados por el ser humano. Los animales han desarrollado poderosamente el olfato y el tacto.
En segundo lugar, tenemos el conocimiento conceptual, que consiste en representaciones invisibles, inmateriales, pero universales y esenciales. La principal diferencia entre el nivel sensible y el conceptual reside en la singularidad y universalidad que caracteriza, respectivamente, a estos dos tipos de conocimiento. El conocimiento sensible es singular y el conceptual universal. Por ejemplo, puedo ver y mantener la imagen de mi padre; esto es conocimiento sensible, singular. Pero además, puedo tener el concepto de padre, que abarca a todos los padres; es universal. El concepto de padre ya no tiene color o dimensiones; es abstracto. La imagen de padre es singular, y representa a una persona con dimensiones y figura concretas. En cambio el concepto de padre es universal (padre es el ser que da vida a otro ser). La imagen de padre sólo se aplica al que tengo en frente. En cambio, el concepto de padre se aplica a todos los padres. Por esto decimos que la imagen es singular y el concepto es universal.
En tercer lugar tenemos el conocimiento holístico (también llamado intuitivo, con el riesgo de muchas confusiones, dado que la palabra intuición se ha utilizado hasta para hablar de premoniciones y corazonadas). En este nivel tampoco hay colores, dimensiones ni estructuras universales como es el caso del conocimiento conceptual. Intuir un objeto significa captarlo dentro de un amplio contexto, como elemento de una totalidad, sin estructuras ni límites definidos con claridad. La palabra holístico se refiere a esta totalidad percibida en el momento de la intuición (holos significa totalidad en griego). La principal diferencia entre el conocimiento holístico y conceptual reside en las estructuras. El primero carece de estructuras, o por lo menos, tiende a prescindir de ellas. El concepto, en cambio, es un conocimiento estructurado. Debido a esto, lo percibido a nivel intuitivo no se puede definir, (definir es delimitar), se capta como un elemento de una totalidad, se tiene una vivencia de una presencia, pero sin poder expresarla adecuadamente. Aquí está también la raíz de la dificultad para dar ejemplos concretos de este conocimiento. Intuir un valor, por ejemplo, es tener la vivencia o presencia de ese valor y apreciarlo como tal, pero con una escasa probabilidad de poder expresarla y comunicarla a los demás.
Un ejemplo de conocimiento holístico o intuitivo es el caso de un descubrimiento en el terreno de la ciencia. Cuando un científico dislumbra una hipótesis explicativa de los fenómenos que estudia, podemos decir que ese momento tiene un conocimiento holístico, es decir, capta al objeto estudiado en un contexto amplio en donde se relaciona con otros objetos y se explica el fenómeno, sus relaciones, sus cambios y sus características. El trabajo posterior del científico, una vez que ha vislumbrado una hipótesis, consiste en traducir en términos estructurados ( conceptos) la visión que ha captado en el conocimiento holístico, gracias a un momento de inspiración.
La captación de valores nos ofrece el mejor ejemplo de conocimiento holístico. Podemos ver a un ser humano enfrente de nosotros (esto es un conocimiento sensible o de primer nivel). Podemos captar el concepto de hombre y definirlo (esto es un conocimiento conceptual o de segundo nivel). Pero además, podemos vislumbrar el valor de este hombre en concreto dentro de su familia. Percibimos su valor y lo apreciamos. Esto es un conocimiento holístico o de tercer nivel.
La experiencia estética nos proporciona otro ejemplo de conocimiento holístico. Percibir la belleza de una obra de arte significa captar ese objeto sin estructuras, sin conceptos, simplemente deteniéndose en la armonía, congruencias y afinidades con el propio sujeto. Debido a esto, la experiencia estética se puede denominar también conocimiento por connaturalidad.
EL ORIGEN DEL CONOCIMIENTO.
1.- Racionalismo.
Se denomina racionalismo a la doctrina epistemológica que sostiene que la causa principal del conocimiento reside en el pensamiento, en la razón. Afirma que un conocimiento solo es realmente tal, cuando posee necesidad lógica y validez universal. El planteamiento mas antiguo del racionalismo aparece en Platón. El tiene la íntima convicción de que el conocimiento verdadero debe distinguirse por la posesión de las notas de la necesidad lógica y de la validez universal.
2.- El empirismo.
Frente a la tesis del racionalismo, el pensamiento, la razón, es el único principio del conocimiento, el empirismo ( del griego Empereimía = experiencia ) opone la antitesis: la única causa del conocimiento humano es la experiencia. Según el empirismo, no existe un patrimonio a priori de la razón. La conciencia cognoscente no obtiene sus conceptos de la razón , sino exclusivamente de la experiencia. El espíritu humano, por naturaleza, está desprovisto de todo conocimiento.
El racionalismo es guiado por la idea determinada, por el conocimiento ideal, mientras que el empirismo, se origina en los hechos concretos.
Los racionalistas casi siempre surgen de la matemática; los defensores del empirismo, según lo prueba su historia, frecuentemente vienen de las ciencias naturales. Esto se entiende sin esfuerzo. La experiencia es el factor determinante en las ciencias naturales.
En ellas, lo más importante es la comprobación exacta de los hechos por medio de una cuidadosa observación. El investigador depende totalmente de la experiencia. Suelen distinguirse dos clases de experiencia: una interna y otra externa. El fundamento de un conocimiento válido, no se encuentra en la experiencia, sino en el pensamiento.
3.- Apriorismo.
En la historia de la Filosofía existe también un segundo esfuerzo de intermediación entre el racionalismo y el empirismo: el apriorismo. El cual también considera que la razón y la experiencia son a causa del conocimiento. Pero se diferencia del intelectualismo porque establece una relación entre la razón y la experiencia, en una dirección diametralmente opuesta a la de éste. En la tendencia de apriorismo, se sostiene que nuestro conocimiento posee algunos elementos a priori que son independientes de la experiencia. Esta afirmación también pertenece al racionalismo. Si relacionáramos el intelectualismo y el apriorismo con los dos extremos contrarios entre los cuales pretenden mediar, inmediatamente descubriríamos que el intelectualismo tiene afinidad con el empirismo, mientras que el apriorismo, se acerca al racionalismo. El intelectualismo forma sus conceptos de la experiencia; el apriorismo rechaza tal conclusión y establece que el factor cognoscitivo procede de la razón y no de la experiencia.
LA POSIBILIDAD DEL CONOCIMIENTO.
1.- El dogmatismo.
Para el, resulta comprensible el que el sujeto, la conciencia cognoscente, aprehenda su objeto, esta actitud se fundamenta en una confianza total en la razón humana, confianza que aún no es debilitada por la duda.
El dogmatismo supone absolutamente la posibilidad y realidad del contacto entre el sujeto y el objeto.
Para Kant el dogmatismo es la actitud de quien estudia la metafísica sin haber determinado con anterioridad cuál es la capacidad de la razón humana para tal estudio.
2.-El escepticismo.
El dogmatismo frecuentemente se transforma en su opuesto, en el escepticismo. Mientras que el dogmatismo considera que la posibilidad de un contacto entre el sujeto y el objeto es comprensible en sí misma, el escepticismo niega tal posibilidad. El sujeto no puede aprehender al objeto, afirma el escepticismo. Por tanto, el conocimiento, considerado como la aprehensión real de un objeto, es imposible. Según esto, no podemos externar ningún juicio, y debemos abstenernos totalmente de juzgar.
Mientras que el dogmatismo en cierta forma ignora al sujeto, el escepticismo desconoce al objeto.
El escepticismo se puede hallar, principalmente, en la antigüedad. Su fundador fue Pirrón de Elis ( 360 a 270 ) . El afirma que no puede lograrse un contacto entre el sujeto y el objeto. La conciencia y cognoscente esta imposibilitada para aprehender su objeto.
3.- El subjetivismo y el relativismo.
El escepticismo sostiene que no hay verdad alguna. El subjetivismo y el relativismo no son tan radicales. Con ellos se afirma que si existe una verdad; sin embargo, tal verdad tiene una validez limitada. El subjetivismo, como su nombre lo indica, limita la validez de la verdad al sujeto que conoce y juzga. El relativismo afirma que no existe alguna verdad, alguna verdad absolutamente universal.
El subjetivismo y el relativismo son análogos, en su contenido, al escepticismo. En efecto, ambos niegan la verdad; no en forma directa como el escepticismo, pero sí en forma indirecta al dudar de su validez universal.
4.- El pragmatismo.
El escepticismo presenta una actitud esencialmente negativa. Formula la negación de la posibilidad del conocimiento. El escepticismo adquiere un cariz positivo en el pragmatismo moderno. El pragmatismo, al igual que el escepticismo, desecha el concepto de la verdad considerado como concordancia.
El pragmatismo cambia el concepto de la verdad en cuanto que es originado por una peculiar concepción de lo que es el ser humano. Dentro de tal concepción el hombre no es primordialmente un ser especulativo y pensante, sino un ser práctico, un ser volitivo.
5.- El criticismo.
Existe una tercer postura que resolvería la antitesis en una síntesis. Esta postura intermedia entre el dogmatismo y el escepticismo recibe el nombre de criticismo. Al igual que el dogmatismo, el criticismo admite una confianza fundamental en la razón humana. El criticismo está convencido de que es posible el conocimiento de que existe la verdad. Pero mientras que tal confianza conduce al dogmatismo, a la aceptación candorosa, para decirlo en alguna forma, de todas las aseveraciones de la razón humana y al no fijar límites al poder del conocimiento humano, el criticismo pone, junto a la confianza general en el conocimiento humano, una desconfianza hacia cada conocimiento particular, acercándose al escepticismo por esto.
El criticismo examina todas y cada una de las aseveraciones de la razón humana y nada acepta con indiferencia.
RAZÓN CONTRA PERCEPCIÓN.
Desde el siglo XVII hasta finales del siglo XIX la cuestión principal en epistemología contrastó la razón contra el sentido de percepción como medio para adquirir el conocimiento. Para los racionalistas, entre los más destacados el francés René Descartes, el holandés Baruch Spinoza y el alemán, Gottfried Wilhelm Leibniz, la principal fuente y prueba final del conocimiento era el razonamiento deductivo basado en principios evidentes o axiomas. Para los empiristas, empezando por los filósofos ingleses Francis Bacon y John Locke, la fuente principal y prueba última del conocimiento era la percepción.
Bacon inauguró la nueva era de la ciencia moderna criticando la confianza medieval en la tradición y la autoridad y aportando nuevas normas para articular el método científico, entre las que se incluyen el primer grupo de reglas de lógica inductiva formuladas. Locke criticó la creencia racionalista de que los principios del conocimiento son evidentes por una vía intuitiva, y argumentó que todo conocimiento deriva de la experiencia, ya sea de la procedente del mundo externo, que imprime sensaciones en la mente, ya sea de la experiencia interna, cuando la mente refleja sus propias actividades. Afirmó que el conocimiento humano de los objetos físicos externos está siempre sujeto a los errores de los sentidos y concluyó que no se puede tener un conocimiento certero del mundo físico que resulte absoluto.
El filósofo irlandés George Berkeley estaba de acuerdo con Locke en que el conocimiento se adquiere a través de las ideas, pero rechazó la creencia de Locke de que es posible distinguir entre ideas y objetos. El filósofo escocés David Hume siguió con la tradición empirista, pero no aceptó la conclusión de Berkeley de que el conocimiento consistía tan sólo en ideas. Dividió todo el conocimiento en dos clases: el conocimiento de la relación de las ideas —es decir, el conocimiento hallado en las matemáticas y la lógica, que es exacto y certero pero no aporta información sobre el mundo— y el conocimiento de la realidad —es decir, el que se deriva de la percepción. Hume afirmó que la mayor parte del conocimiento de la realidad descansa en la relación causa-efecto, y al no existir ninguna conexión lógica entre una causa dada y su efecto, no se puede esperar conocer ninguna realidad futura con certeza. Así, las leyes de la ciencia más certeras podrían no seguir siendo verdad: una conclusión que tuvo un impacto revolucionario en la filosofía.
El filósofo alemán Immanuel Kant intentó resolver la crisis provocada por Locke y llevada a su punto más alto por las teorías de Hume; propuso una solución en la que combinaba elementos del racionalismo con algunas tesis procedentes del empirismo. Coincidió con los racionalistas en que se puede tener conocimiento exacto y certero, pero siguió a los empiristas en mantener que dicho conocimiento es más informativo sobre la estructura del pensamiento que sobre el mundo que se halla al margen del mismo. Distinguió tres tipos de conocimiento: analítico a priori, que es exacto y certero pero no informativo, porque sólo aclara lo que está contenido en las definiciones; sintético a posteriori, que transmite información sobre el mundo aprendido a partir de la experiencia, pero está sujeto a los errores de los sentidos, y sintético a priori, que se descubre por la intuición y es a la vez exacto y certero, ya que expresa las condiciones necesarias que la mente impone a todos los objetos de la experiencia. Las matemáticas y la filosofía, de acuerdo con Kant, aportan este último tipo de conocimiento. Desde los tiempos de Kant, una de las cuestiones sobre las que más se ha debatido en filosofía ha sido si existe o no el conocimiento sintético a priori.
Durante el siglo XIX, el filósofo alemán George Wilhelm Friedrich Hegel retomó la afirmación racionalista de que el conocimiento certero de la realidad puede alcanzarse con carácter absoluto equiparando los procesos del pensamiento, de la naturaleza y de la historia. Hegel provocó un interés por la historia y el enfoque histórico del conocimiento que más tarde fue realzado por Herbert Spencer en Gran Bretaña y la escuela alemana del historicismo. Spencer y el filósofo francés Auguste Comte llamaron la atención sobre la importancia de la sociología como una rama del conocimiento y ambos aplicaron los principios del empirismo al estudio de la sociedad.
La escuela estadounidense del pragmatismo, fundada por los filósofos Charles Sanders Peirce, William James y John Dewey a principios de este siglo, llevó el empirismo aún más lejos al mantener que el conocimiento es un instrumento de acción y que todas las creencias tenían que ser juzgadas por su utilidad como reglas para predecir las experiencias.
POSICIÓN DE LOS AUTORES FRENTE AL CONCOCIMIENTO.
Para algunos autores, el fundamento de la posibilidad del conocimiento es la realidad, bien la sensible (como han defendido los filósofos de orientación empirista), bien la inteligible (como aquellos racionalistas que han defendido el carácter realmente existente de las entidades conceptuales o nociones generales).
El primer gran filósofo que abordó el estudio del conocimiento fué el francés René Descartes, en el siglo XVII. Descartes intentó descubrir un fundamento del conocimiento que fuera independiente de límites y supuestos. Para él, conocer es partir de una proposición evidente, que se apoya en una intuición primaria. Descartes formuló tal proposición en su célebre sentencia: "pienso, luego existo".
Kant negó que la realidad pudiera ser explicada mediante los solos conceptos y se propuso conseguir el mismo objetivo, pero intentando determinar los límites y capacidades de la razón. Si bien existen, efectivamente, juicios sintéticos apriori, que son la condición necesaria de toda comprehensión de la naturaleza (trascendentales), el ámbito del conocimiento de limita, sin embargo en el pensamiento de Kant, al reino de la experiencia.
Según el británico John Locke, representante moderado del empirismo, las impresiones de la sensibilidad sólo formaban la base primaria del conocimiento. El también británico David Hume y algunos autores neopositivistas posteriores consideraron, por el contrario, que las nociones de las ciencias formales no son empíricas ni conceptuales, sino formales y, por lo tanto, vacías de conocimiento.
De acuerdo con determinadas formas de empirismo existen otras experiencias además de la sensible, como la experiencia histórica, la experiencia intelectual, etc. En estas posiciones, a algunos de cuyos precursores - los alemanes Friedrich Nietzsche y Wilhelm Dilthey- difícilmente se les puede considerar como empiristas, el término experiencia se entiende en un sentido más amplio. Los autores más representativos de estas posiciones son el alemán Martin Heidegger y el francés Jean- Paul- Sartre, que defendieron posturas existencialistas; los estadounidenses John Dewey y William James, de orientación pragmatista; y el español José Ortega y Gasset, que mantuvo la postura que él llamó raciovitalismo, en la que vida y razón constituían los dos polos de su concepción del mundo.
EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO.
Mientras que la epistemología ha sido entendida tradicionalmente como una teoría del conocimiento en general, en el siglo XX los filósofos se interesaron principalmente por construir una teoría del conocimiento científico, suponiendo que si se lograra disponer de teoría adecuadas que explicaran los mecanismos de un conocimiento de este tipo, podrían avanzar considerablemente por la misma vía en la solución de problemas gnoseológicos (doctrinas filosófica y religiosa que pretendía tener un conocimiento misterioso e instintivo de las cosas divinas) más generales.
La elaboración de una epistemología de este tipo constituyó la tarea abordada especialmente por los autores del Círculo de Viena, que fueron el germen de todo movimiento del empirismo o positivismo lógico. Para éstos filósofos se trataba de conseguir un sistema unitario de saber y conocimiento, lo que requería la unificación del lenguaje y la metodología de las distintas ciencias. Este lenguaje debería ser insersubjetivo - lo que exigía la utilización de formalismos y de una semántica común- y universal, es decir, cualquier proposición debía poder traducirse a él.
Lo único que puede hacerse es formular la hipótesis de la existencia de una realidad independiente de nuestra experiencia e indicar criterios para su contrastación en la medida en que una afirmación de existencia implica determinados enunciados perceptivos. No hay ninguna posibilidad de decisión respecto a una realidad o idealidad absolutas. Ello sería, en palabras de Carnap, un seudoproblema. Todas las formas epistemológicas de la tradición filosófica inspiradas en posiciones metafísicas - el idealismo y el realismo filosófico, el fenomelanismo, el solipsismo, etc.- caerían, así, fuera del ámbito del conocimiento empírico, ya que buscarían responder a una pregunta imposible.
EPISTEMOLOGÍA EN EL SIGLO XX.
A principios del siglo XX los problemas epistemológicos fueron discutidos a fondo y sutiles matices de diferencia empezaron a dividir a las distintas escuelas de pensamiento rivales. Se prestó especial atención a la relación entre el acto de percibir algo, el objeto percibido de una forma directa y la cosa que se puede decir que se conoce como resultado de la propia percepción. Los autores fenomenológicos afirmaron que los objetos de conocimiento son los mismos que los objetos percibidos. Los neorealistas sostuvieron que se tienen percepciones directas de los objetos físicos o partes de los objetos físicos en vez de los estados mentales personales de cada uno. Los realistas críticos adoptaron una posición intermedia, manteniendo que aunque se perciben sólo datos sensoriales, como los colores y los sonidos, éstos representan objetos físicos sobre los cuales aportan conocimiento.
Un método para enfrentarse al problema de clarificar la relación entre el acto de conocer y el objeto conocido fue elaborado por el filósofo alemán Edmund Husserl. Perfiló un procedimiento elaborado, al que llamó fenomenología, por medio del cual se puede distinguir cómo son las cosas a partir de cómo uno piensa que son en realidad, alcanzando así una comprensión más precisa de las bases conceptuales del conocimiento.
Durante el segundo cuarto del siglo XX surgieron dos escuelas de pensamiento, ambas deudoras del filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein. Por una parte, la escuela del empirismo o positivismo lógico, tuvo su origen en Viena, Austria, pero pronto se extendió por todo el mundo. Los empiristas lógicos hicieron hincapié en que sólo hay una clase de conocimiento: el conocimiento científico; que cualquier conocimiento válido tiene que ser verificable en la experiencia; y, por lo tanto, que mucho de lo que había sido dado por bueno por la filosofía no era ni verdadero ni falso, sino carente de sentido. A la postre, siguiendo a Hume y a Kant, se tenía que establecer una clara distinción entre enunciados analíticos y sintéticos. El llamado criterio de verificabilidad del significado ha sufrido cambios como consecuencia de las discusiones entre los propios empiristas lógicos, así como entre sus críticos, pero no ha sido descartado.
La última de estas recientes escuelas de pensamiento, englobadas en el campo del análisis lingüístico (véase Filosofía analítica) o en la filosofía del lenguaje corriente, parece romper con la epistemología tradicional. Los analistas lingüísticos se han propuesto estudiar el modo real en que se usan los términos epistemológicos claves —términos como conocimiento, percepción y probabilidad— y formular reglas definitivas para su uso con objeto de evitar confusiones verbales. El filósofo británico John Langshaw Austin afirmó, por ejemplo, que decir que un enunciado es verdadero no añade nada al enunciado excepto una promesa por parte del que habla o escrib e. Austin no considera la verdad como una cualidad o propiedad de los enunciados o elocuciones.
CONCLUSIÓN.:
Si la epistemología - el estudio del conocimiento- constituye, por su propia naturaleza, una de las partes esenciales de la filosofía, la creciente importancia en la ciencia y la consiguiente necesidad de dotarla de sólidos fundamentos teóricos ha acrecentado aún más el interés por la misma en el moderno pensamiento filosófico.
BIBLIOGRAFÍA.:
1. Enciclopedia Hispánica; 5: 402-404; 1994-1995.
1. Enciclopedia Microsoft Encarta `97.
1. Gutiérrez Saenz, Raúl; Introducción a la filosofía; Editorial Esfinge.
1. Hessen; Teoría del conocimiento; Editorial Esfinge.
Diccionario de filosofía contemporáneaEdiciones Sígueme, Salamanca 1976
páginas 97-98
Teoría del Conocimiento
La teoría del conocimiento es una parte importante de la filosofía. Pero es difícil precisar cuál es su objeto y más aún cuáles son los resultados a los que se ha llegado en ella, sin indicar de antemano desde qué postura, o concepción filosófica se está hablando. En el artículo sobre gnoseología pueden verse algunas indicaciones respecto a los diversos planteamientos filosóficos del problema del conocimiento, y la relación de la denominación «teoría del conocimiento» con otros términos como «epistemología», &c. Aquí nos limitaremos a exponer brevemente los problemas fundamentales que plantea hoy una teoría filosófica del conocimiento.
De ellos el primero es la relación entre conocimiento científico y no científico. Otro problema importante es el de la relación entre esta teoría filosófica y las diversas disciplinas científicas que también se ocupan del conocimiento. Terminaremos aludiendo a las opciones filosóficas fundamentales en teoría del conocimiento.
1. El conocimiento científico y el no científico
En el contexto de la filosofía tradicional (escolástica, fundamentalmente) es normal referirse a varios tipos de conocimiento y establecer una jerarquía entre ellos. Empezando por el llamado conocimiento vulgar o del sentido común, se pasa inmediatamente al científico y se señalan después otras formas de conocimiento como el artístico, el filosófico, el religioso o el teológico, de los cuales este último suele ser considerado el más perfecto. Dentro de este esquema es fácil advertir a veces un ligero desplazamiento hacia el irracionalismo, a partir del cual el conocimiento científico no sólo ocupa un lugar mínimo en la escala jerárquica de las formas de conocimiento, sino que incluso puede aparecer como verdadero desconocimiento, por su carácter parcial, limitado, &c.
Dentro de esta perspectiva, que llamaremos –por denominarla de alguna manera– «conservadora», adquieren pleno significado los planteamientos ciertamente metafísicos (en el mal sentido de la palabra metafísica) respecto a la posibilidad, límites y esencia del conocimiento.
Desde una perspectiva racionalista, sin embargo, el modelo de cualquier forma de conocimiento es el conocimiento científico. Si esta posición se lleva hasta su extremo puede llegarse incluso a negar que haya otra forma real de conocimiento que no sea el científico.
Nos parece que la postura más adecuada es la racionalista (que algunos denominarán cientificista) (cientificismo), pero siempre y cuando se mantenga respecto a la ciencia una postura suficientemente crítica (El mito de la ciencia). De acuerdo con esto no parece que tenga mucho sentido hablar de conocimiento religioso o artístico, y mucho menos considerar a estas «formas de conocimiento» como más «perfectas» que el conocimiento científico. La misma idea de perfección no tiene mucho sentido aplicada al conocimiento, salvo para declarar que es perfectible. Y esto cuadra bien ante todo con el conocimiento científico. Otra cuestión es que los aspectos afectivos, emotivos, &c., que figuran en el arte o la religión cumplan también un determinado papel en la ciencia y que, por consiguiente, la separación de ésta con respecto a esas otras formas de pensamiento o de conciencia históricamente dadas sea más bien relativa.
En una teoría general del conocimiento, la teoría crítica de la ciencia ocupará por lo tanto un papel central; y paralelamente la problemática sobre las «diferentes formas de conocimiento» quedaría mejor tratada en una teoría previa sobre las «formas de pensamiento» en la que se distinguieran los aspectos histórico-sociológicos o institucionales de éstas (el arte, la religión, la ciencia) como partes de la cultura, de las cuestiones valorativas (su valor cognoscitivo en este caso).
2. Teoría del conocimiento: ¿ciencia o filosofía?
El conocimiento es un fenómeno con múltiples aspectos. Es un fenómeno psicológico, sociológico, biológico incluso. Cabe, pues, su estudio desde muchos puntos de vista, a partir de múltiples ciencias empíricas. También en el estudio del conocimiento científico cabe esta perspectiva científica, representada ya de hecho por la ciencia de la ciencia. La epistemología genética de Piaget pretende también constituir una teoría general del conocimiento (de tipo racionalista: el conocimiento científico como modelo más desarrollado de cualquier forma de conocimiento) con base en los resultados de ciencias positivas que se ocupan de los procesos cognoscitivos, como la psicología genética fundada y desarrollada por el mismo Piaget, la biología, la sociología y la historia de las ciencias, &c. En el artículo epistemología nos ocupamos de este programa de investigación. Por el momento aquí diremos únicamente que, en cualquier caso, no parece que pueda negarse que todas las investigaciones empíricas sobre los procesos cognoscitivos parten de preconcepciones filosóficas acerca de qué es el conocimiento –qué entendemos por conocer la realidad– sin las cuales no podrían orientarse aquellas investigaciones. Igualmente cabe señalar, al término del proceso, la posibilidad de diversas interpretaciones filosóficas de los resultados empíricos.
3. Teorías filosóficas del conocimiento
De hecho, las investigaciones sobre el conocimiento (de cualquier forma que se entiendan éstas: científica y filosófica) tienen que enfrentarse desde el principio con opciones de carácter estrictamente filosófico. Tal es el caso, fundamentalmente, de la opción necesaria a favor de una de las dos interpretaciones extremas: realismo o subjetivismo idealista. La concepción realista parte del supuesto de que el mundo conocido es exterior al sujeto y de que constituye un ideal de nuestro conocimiento el adecuarse con una realidad previamente dada. La actitud realista más consecuente es la que viene acompañada del calificativo «crítico». El realismo crítico añade al realismo la idea de que nuestro conocimiento nunca agota de forma definitiva, ni se adapta (o mejor, no sabemos si se adapta) de forma exacta a esa realidad previamente dada. Frente a esta posición, las diferentes formas de subjetivismo idealista, implican en diversa medida la idea de que el conocimiento es un asunto fundamentalmente subjetivo, sin que sea posible entender la conexión entre nuestro conocimiento y la realidad que pretendemos conocer. Algunas concepciones actuales como el fenomenalismo, el operacionalismo, el instrumentalismo, representan en el fondo diversas variantes del idealismo subjetivo.
Respecto a los supuestos ontológicos que pueden acompañar a las diversas concepciones sobre el conocimiento, está claro que aunque no hay una reacción de implicación lógica, las posturas más coherentes con el realismo por una parte y con el subjetivismo por otra son, respectivamente, el materialismo y el espiritualismo o idealismo objetivo.
Miguel A. Quintanilla
Teoría del Conocimiento
Prof. Lic. Andrés A. Luetich
10 de julio de 2003
La Gnoseología o Teoría del Conocimiento es una de las ramas clásicas de la Filosofía. Ya los antiguos filósofos griegos la trataron extensamente, llegando a explorar muchas de las sendas posibles: idealismo, realismo, empirismo, escepticismo.
En la Modernidad, la problemática del conocimiento se transformó en una cuestión crucial para los filósofos. La búsqueda de la certeza y la indagación por los límites del conocimiento atravesó toda esta etapa, desde Descartes hasta Kant, pasando por Hume y los demás empiristas ingleses.
En el cuadro que se encuentra a continuación aparecen los nombres de algunos de los filósofos que más se destacaron por sus aportes en este campo. Siguiendo los enlaces se accede a una presentación esquemática de la forma en que concibe el conocimiento cada uno de ellos acompañada en cada caso de una breve explicación.
EMPIRISMO
REALISMO
IDEALISMO
CRITICISMO
Platón
Aristóteles
Descartes
Hume
Kant
(del griego, episteme, 'conocimiento'; logos, 'teoría')
Rama de la filosofía que trata de los problemas filosóficos que rodean la teoría del conocimiento. La epistemología se ocupa de la definición del saber y de los conceptos relacionados, de las fuentes, los criterios, los tipos de conocimiento posible y el grado con el que cada uno resulta cierto; así como la relación exacta entre el que conoce y el objeto conocido.
INTRODUCCIÓN.
He aquí unos de los grandes temas de la filosofía de todos los tiempos :elucidar en que consiste el acto de conocer, cual es la escencia del conocimiento, cual es la relación cognoscitiva entre el hombre y las cosas que lo rodean. A pesar de que es una operación cotidiana no hay un acuerdo acerca de lo que sucede cuando conocemos algo. La definición más sencilla nos dice que conocer consiste en obtener una información acerca de un objeto. Conocer es conseguir un dato o una noticia sobre algo. El conocimiento es esa noticia o información acerca de ése objeto.
La teoría del conocimiento es una doctrina filosófica. Para precisar su ubicación en el todo que es la filosofía, es necesario que antes aparezca una definición esencial de esta.
Una definición esencial de la filosofía se podría obtener atendiendo el significado de la palabra. El termino filosofía deriva del griego y quiere decir amor a la sabiduría o , lo que es lo mismo, deseo de saber, de conocer. Inmediatamente se nota que no se puede de obtener de la filosofía una definición esencial, y, por lo tanto, obligatoriamente se debe de emplear otro método.
Por ejemplo la definición de filosofía que presentan Platón y Aristóteles como ciencia pura, es respectivamente la búsqueda de la virtud o de la felicidad.
Como dice Dilthey: ¨Lo primero que debemos intentar es descubrir un objetivo común contenido en todos aquellos sistemas a cuya vista se constituyen todos aquellos sistemas de la filosofía".
Estos sistemas son los de Platón y Aristóteles, Descartes y Leibnitz, Kant y Hegel ya que en todos ellos hallaremos una inclinación en la universalidad, una orientación en la totalidad objetiva por ejemplo: el ser, la esencia, el conocimiento.
En los principios de la edad moderna retomamos los caminos del concepto Aristotélico (tiene como centro una ciencia universal del ser). Los sistemas de Descartes, Spinoza y Leibnitz, presentan la misma orientación que caracteriza al Estagirita, ya que todos tienden al conocimiento del mundo objetivo. Kant por el contrario revive el estilo Platónico (procura elevar la vida, con todos sus conceptos a la conciencia filosófica).
Es verdad que Kant en su primera manifestación surge como una teoría del conocimiento o como base crítica del estudio científico. Pero no se detiene en el ámbito teórico sino que avanza a formular la base crítica de todos los campos conocibles. Al lado de la Crítica de la razón pura, se encuentra la Crítica de la razón práctica, que aborda el tema de la valorización moral, y la Crítica del juicio, cuyo objetivo son las investigaciones críticas de los valores estéticos. Así pues, en Kant aparece la filosofía como una reflexión universal del pensamiento sobre sí mismo, como una reflexión del hombre estudioso sobre los valores de su conducta.
La supresión de todos los principios materiales y objetivos, los cuales existen indudablemente en Kant, de manera que la filosofía asume un carácter puramente formal y metodológico. Ésta postura intelectual provoca una reacción que forja un nuevo movimiento en el pensamiento filosófico, el cual vuelve a inclinarse a lo material y objetivo, constituyendo una renovación del carácter aristotélico.
Éste breve repaso de toda la evolución histórica del pensamiento filosófico, nos permite determinar otros dos elementos del concepto esencial de la filosofía. Al primero se conoce con la expresión "concepción del yo"; al segundo se le llama "concepción del universo". La filosofía es ambas cosas: una concepción del yo y una concepción del universo.
En todo conocimiento podemos distinguir cuatro elementos:
· El sujeto que conoce.
· El objeto conocido.
· La operación misma de conocer.
· El resultado obtenido que es la información recabada acerca del objeto.
Dicho de otra manera: el sujeto se pone en contacto con el objeto y obtiene una información acerca del mismo. Cuando existe congruencia o adecuación entre el objeto y la representación interna correspondiente, decimos que estamos en posesión de una verdad.
PROBLEMAS FILOSÓFICOS GRIEGOS Y MEDIEVALES.
En el siglo V a.C., los sofistas griegos cuestionaron la posibilidad de que hubiera un conocimiento fiable y objetivo. Por ello, uno de los principales sofistas, Gorgias, afirmó que nada puede existir en realidad, que si algo existe no se puede conocer, y que si su conocimiento fuera posible, no se podría comunicar. Otro sofista importante, Protágoras, mantuvo que ninguna opinión de una persona es más correcta que la de otra, porque cada individuo es el único juez de su propia experiencia. Platón, siguiendo a su ilustre maestro Sócrates, intentó contestar a los sofistas dando por sentado la existencia de un mundo de formas o ideas, invariables e invisibles, sobre las que es posible adquirir un conocimiento exacto y certero. Mantenía que las cosas que uno ve y palpa son copias imperfectas de las formas puras estudiadas en matemáticas y filosofía. Por consiguiente, sólo el razonamiento abstracto de esas disciplinas proporciona un conocimiento verdadero, mientras que la percepción facilita opiniones vagas e inconsistentes. Concluyó que la contemplación filosófica del mundo oculto de las ideas es el fin más elevado de la existencia humana.
Aristóteles siguió a Platón al considerar el conocimiento abstracto superior a cualquier otro, pero discrepó de su juicio en cuanto al método apropiado para alcanzarlo. Aristóteles mantenía que casi todo el conocimiento se deriva de la experiencia. El conocimiento se adquiere ya sea por vía directa, con la abstracción de los rasgos que definen a una especie, o de forma indirecta, deduciendo nuevos datos de aquellos ya sabidos, de acuerdo con las reglas de la lógica. La observación cuidadosa y la adhesión estricta a las reglas de la lógica, que por primera vez fueron expuestas de forma sistemática por Aristóteles, ayudarían a superar las trampas teóricas que los sofistas habían expuesto. Las escuelas estoica y epicúrea coincidieron con Aristóteles en que el conocimiento nace de la percepción pero, al contrario que Aristóteles y Platón, mantenían que la filosofía había de ser considerada como una guía práctica para la vida y no como un fin en sí misma.
Después de varios siglos de declive del interés por el conocimiento racional y científico, el filósofo escolástico (véase Escolasticismo) santo Tomás de Aquino y otros filósofos de la edad media ayudaron a devolver la confianza en la razón y la experiencia, combinando los métodos racionales y la fe en un sistema unificado de creencias. Tomás de Aquino coincidió con Aristóteles en considerar la percepción como el punto de partida y la lógica como el procedimiento intelectual para llegar a un conocimiento fiable de la naturaleza, pero estimó que la fe en la autoridad bíblica era la principal fuente de la creencia religiosa.
LOS TRES NIVELES DEL CONOCIMIENTO.
El ser humano puede captar un objeto en tres diferentes niveles, sensible, conceptual y holístico. El conocimiento sensible consiste en captar un objeto por medio de los sentidos; tal es el caso de las imágenes captadas por medio de la vista. Gracias a ella podemos almacenar en nuestra mente las imágenes de las cosas, con color, figura y dimensiones. Los ojos y los oídos son los principales sentidos utilizados por el ser humano. Los animales han desarrollado poderosamente el olfato y el tacto.
En segundo lugar, tenemos el conocimiento conceptual, que consiste en representaciones invisibles, inmateriales, pero universales y esenciales. La principal diferencia entre el nivel sensible y el conceptual reside en la singularidad y universalidad que caracteriza, respectivamente, a estos dos tipos de conocimiento. El conocimiento sensible es singular y el conceptual universal. Por ejemplo, puedo ver y mantener la imagen de mi padre; esto es conocimiento sensible, singular. Pero además, puedo tener el concepto de padre, que abarca a todos los padres; es universal. El concepto de padre ya no tiene color o dimensiones; es abstracto. La imagen de padre es singular, y representa a una persona con dimensiones y figura concretas. En cambio el concepto de padre es universal (padre es el ser que da vida a otro ser). La imagen de padre sólo se aplica al que tengo en frente. En cambio, el concepto de padre se aplica a todos los padres. Por esto decimos que la imagen es singular y el concepto es universal.
En tercer lugar tenemos el conocimiento holístico (también llamado intuitivo, con el riesgo de muchas confusiones, dado que la palabra intuición se ha utilizado hasta para hablar de premoniciones y corazonadas). En este nivel tampoco hay colores, dimensiones ni estructuras universales como es el caso del conocimiento conceptual. Intuir un objeto significa captarlo dentro de un amplio contexto, como elemento de una totalidad, sin estructuras ni límites definidos con claridad. La palabra holístico se refiere a esta totalidad percibida en el momento de la intuición (holos significa totalidad en griego). La principal diferencia entre el conocimiento holístico y conceptual reside en las estructuras. El primero carece de estructuras, o por lo menos, tiende a prescindir de ellas. El concepto, en cambio, es un conocimiento estructurado. Debido a esto, lo percibido a nivel intuitivo no se puede definir, (definir es delimitar), se capta como un elemento de una totalidad, se tiene una vivencia de una presencia, pero sin poder expresarla adecuadamente. Aquí está también la raíz de la dificultad para dar ejemplos concretos de este conocimiento. Intuir un valor, por ejemplo, es tener la vivencia o presencia de ese valor y apreciarlo como tal, pero con una escasa probabilidad de poder expresarla y comunicarla a los demás.
Un ejemplo de conocimiento holístico o intuitivo es el caso de un descubrimiento en el terreno de la ciencia. Cuando un científico dislumbra una hipótesis explicativa de los fenómenos que estudia, podemos decir que ese momento tiene un conocimiento holístico, es decir, capta al objeto estudiado en un contexto amplio en donde se relaciona con otros objetos y se explica el fenómeno, sus relaciones, sus cambios y sus características. El trabajo posterior del científico, una vez que ha vislumbrado una hipótesis, consiste en traducir en términos estructurados ( conceptos) la visión que ha captado en el conocimiento holístico, gracias a un momento de inspiración.
La captación de valores nos ofrece el mejor ejemplo de conocimiento holístico. Podemos ver a un ser humano enfrente de nosotros (esto es un conocimiento sensible o de primer nivel). Podemos captar el concepto de hombre y definirlo (esto es un conocimiento conceptual o de segundo nivel). Pero además, podemos vislumbrar el valor de este hombre en concreto dentro de su familia. Percibimos su valor y lo apreciamos. Esto es un conocimiento holístico o de tercer nivel.
La experiencia estética nos proporciona otro ejemplo de conocimiento holístico. Percibir la belleza de una obra de arte significa captar ese objeto sin estructuras, sin conceptos, simplemente deteniéndose en la armonía, congruencias y afinidades con el propio sujeto. Debido a esto, la experiencia estética se puede denominar también conocimiento por connaturalidad.
EL ORIGEN DEL CONOCIMIENTO.
1.- Racionalismo.
Se denomina racionalismo a la doctrina epistemológica que sostiene que la causa principal del conocimiento reside en el pensamiento, en la razón. Afirma que un conocimiento solo es realmente tal, cuando posee necesidad lógica y validez universal. El planteamiento mas antiguo del racionalismo aparece en Platón. El tiene la íntima convicción de que el conocimiento verdadero debe distinguirse por la posesión de las notas de la necesidad lógica y de la validez universal.
2.- El empirismo.
Frente a la tesis del racionalismo, el pensamiento, la razón, es el único principio del conocimiento, el empirismo ( del griego Empereimía = experiencia ) opone la antitesis: la única causa del conocimiento humano es la experiencia. Según el empirismo, no existe un patrimonio a priori de la razón. La conciencia cognoscente no obtiene sus conceptos de la razón , sino exclusivamente de la experiencia. El espíritu humano, por naturaleza, está desprovisto de todo conocimiento.
El racionalismo es guiado por la idea determinada, por el conocimiento ideal, mientras que el empirismo, se origina en los hechos concretos.
Los racionalistas casi siempre surgen de la matemática; los defensores del empirismo, según lo prueba su historia, frecuentemente vienen de las ciencias naturales. Esto se entiende sin esfuerzo. La experiencia es el factor determinante en las ciencias naturales.
En ellas, lo más importante es la comprobación exacta de los hechos por medio de una cuidadosa observación. El investigador depende totalmente de la experiencia. Suelen distinguirse dos clases de experiencia: una interna y otra externa. El fundamento de un conocimiento válido, no se encuentra en la experiencia, sino en el pensamiento.
3.- Apriorismo.
En la historia de la Filosofía existe también un segundo esfuerzo de intermediación entre el racionalismo y el empirismo: el apriorismo. El cual también considera que la razón y la experiencia son a causa del conocimiento. Pero se diferencia del intelectualismo porque establece una relación entre la razón y la experiencia, en una dirección diametralmente opuesta a la de éste. En la tendencia de apriorismo, se sostiene que nuestro conocimiento posee algunos elementos a priori que son independientes de la experiencia. Esta afirmación también pertenece al racionalismo. Si relacionáramos el intelectualismo y el apriorismo con los dos extremos contrarios entre los cuales pretenden mediar, inmediatamente descubriríamos que el intelectualismo tiene afinidad con el empirismo, mientras que el apriorismo, se acerca al racionalismo. El intelectualismo forma sus conceptos de la experiencia; el apriorismo rechaza tal conclusión y establece que el factor cognoscitivo procede de la razón y no de la experiencia.
LA POSIBILIDAD DEL CONOCIMIENTO.
1.- El dogmatismo.
Para el, resulta comprensible el que el sujeto, la conciencia cognoscente, aprehenda su objeto, esta actitud se fundamenta en una confianza total en la razón humana, confianza que aún no es debilitada por la duda.
El dogmatismo supone absolutamente la posibilidad y realidad del contacto entre el sujeto y el objeto.
Para Kant el dogmatismo es la actitud de quien estudia la metafísica sin haber determinado con anterioridad cuál es la capacidad de la razón humana para tal estudio.
2.-El escepticismo.
El dogmatismo frecuentemente se transforma en su opuesto, en el escepticismo. Mientras que el dogmatismo considera que la posibilidad de un contacto entre el sujeto y el objeto es comprensible en sí misma, el escepticismo niega tal posibilidad. El sujeto no puede aprehender al objeto, afirma el escepticismo. Por tanto, el conocimiento, considerado como la aprehensión real de un objeto, es imposible. Según esto, no podemos externar ningún juicio, y debemos abstenernos totalmente de juzgar.
Mientras que el dogmatismo en cierta forma ignora al sujeto, el escepticismo desconoce al objeto.
El escepticismo se puede hallar, principalmente, en la antigüedad. Su fundador fue Pirrón de Elis ( 360 a 270 ) . El afirma que no puede lograrse un contacto entre el sujeto y el objeto. La conciencia y cognoscente esta imposibilitada para aprehender su objeto.
3.- El subjetivismo y el relativismo.
El escepticismo sostiene que no hay verdad alguna. El subjetivismo y el relativismo no son tan radicales. Con ellos se afirma que si existe una verdad; sin embargo, tal verdad tiene una validez limitada. El subjetivismo, como su nombre lo indica, limita la validez de la verdad al sujeto que conoce y juzga. El relativismo afirma que no existe alguna verdad, alguna verdad absolutamente universal.
El subjetivismo y el relativismo son análogos, en su contenido, al escepticismo. En efecto, ambos niegan la verdad; no en forma directa como el escepticismo, pero sí en forma indirecta al dudar de su validez universal.
4.- El pragmatismo.
El escepticismo presenta una actitud esencialmente negativa. Formula la negación de la posibilidad del conocimiento. El escepticismo adquiere un cariz positivo en el pragmatismo moderno. El pragmatismo, al igual que el escepticismo, desecha el concepto de la verdad considerado como concordancia.
El pragmatismo cambia el concepto de la verdad en cuanto que es originado por una peculiar concepción de lo que es el ser humano. Dentro de tal concepción el hombre no es primordialmente un ser especulativo y pensante, sino un ser práctico, un ser volitivo.
5.- El criticismo.
Existe una tercer postura que resolvería la antitesis en una síntesis. Esta postura intermedia entre el dogmatismo y el escepticismo recibe el nombre de criticismo. Al igual que el dogmatismo, el criticismo admite una confianza fundamental en la razón humana. El criticismo está convencido de que es posible el conocimiento de que existe la verdad. Pero mientras que tal confianza conduce al dogmatismo, a la aceptación candorosa, para decirlo en alguna forma, de todas las aseveraciones de la razón humana y al no fijar límites al poder del conocimiento humano, el criticismo pone, junto a la confianza general en el conocimiento humano, una desconfianza hacia cada conocimiento particular, acercándose al escepticismo por esto.
El criticismo examina todas y cada una de las aseveraciones de la razón humana y nada acepta con indiferencia.
RAZÓN CONTRA PERCEPCIÓN.
Desde el siglo XVII hasta finales del siglo XIX la cuestión principal en epistemología contrastó la razón contra el sentido de percepción como medio para adquirir el conocimiento. Para los racionalistas, entre los más destacados el francés René Descartes, el holandés Baruch Spinoza y el alemán, Gottfried Wilhelm Leibniz, la principal fuente y prueba final del conocimiento era el razonamiento deductivo basado en principios evidentes o axiomas. Para los empiristas, empezando por los filósofos ingleses Francis Bacon y John Locke, la fuente principal y prueba última del conocimiento era la percepción.
Bacon inauguró la nueva era de la ciencia moderna criticando la confianza medieval en la tradición y la autoridad y aportando nuevas normas para articular el método científico, entre las que se incluyen el primer grupo de reglas de lógica inductiva formuladas. Locke criticó la creencia racionalista de que los principios del conocimiento son evidentes por una vía intuitiva, y argumentó que todo conocimiento deriva de la experiencia, ya sea de la procedente del mundo externo, que imprime sensaciones en la mente, ya sea de la experiencia interna, cuando la mente refleja sus propias actividades. Afirmó que el conocimiento humano de los objetos físicos externos está siempre sujeto a los errores de los sentidos y concluyó que no se puede tener un conocimiento certero del mundo físico que resulte absoluto.
El filósofo irlandés George Berkeley estaba de acuerdo con Locke en que el conocimiento se adquiere a través de las ideas, pero rechazó la creencia de Locke de que es posible distinguir entre ideas y objetos. El filósofo escocés David Hume siguió con la tradición empirista, pero no aceptó la conclusión de Berkeley de que el conocimiento consistía tan sólo en ideas. Dividió todo el conocimiento en dos clases: el conocimiento de la relación de las ideas —es decir, el conocimiento hallado en las matemáticas y la lógica, que es exacto y certero pero no aporta información sobre el mundo— y el conocimiento de la realidad —es decir, el que se deriva de la percepción. Hume afirmó que la mayor parte del conocimiento de la realidad descansa en la relación causa-efecto, y al no existir ninguna conexión lógica entre una causa dada y su efecto, no se puede esperar conocer ninguna realidad futura con certeza. Así, las leyes de la ciencia más certeras podrían no seguir siendo verdad: una conclusión que tuvo un impacto revolucionario en la filosofía.
El filósofo alemán Immanuel Kant intentó resolver la crisis provocada por Locke y llevada a su punto más alto por las teorías de Hume; propuso una solución en la que combinaba elementos del racionalismo con algunas tesis procedentes del empirismo. Coincidió con los racionalistas en que se puede tener conocimiento exacto y certero, pero siguió a los empiristas en mantener que dicho conocimiento es más informativo sobre la estructura del pensamiento que sobre el mundo que se halla al margen del mismo. Distinguió tres tipos de conocimiento: analítico a priori, que es exacto y certero pero no informativo, porque sólo aclara lo que está contenido en las definiciones; sintético a posteriori, que transmite información sobre el mundo aprendido a partir de la experiencia, pero está sujeto a los errores de los sentidos, y sintético a priori, que se descubre por la intuición y es a la vez exacto y certero, ya que expresa las condiciones necesarias que la mente impone a todos los objetos de la experiencia. Las matemáticas y la filosofía, de acuerdo con Kant, aportan este último tipo de conocimiento. Desde los tiempos de Kant, una de las cuestiones sobre las que más se ha debatido en filosofía ha sido si existe o no el conocimiento sintético a priori.
Durante el siglo XIX, el filósofo alemán George Wilhelm Friedrich Hegel retomó la afirmación racionalista de que el conocimiento certero de la realidad puede alcanzarse con carácter absoluto equiparando los procesos del pensamiento, de la naturaleza y de la historia. Hegel provocó un interés por la historia y el enfoque histórico del conocimiento que más tarde fue realzado por Herbert Spencer en Gran Bretaña y la escuela alemana del historicismo. Spencer y el filósofo francés Auguste Comte llamaron la atención sobre la importancia de la sociología como una rama del conocimiento y ambos aplicaron los principios del empirismo al estudio de la sociedad.
La escuela estadounidense del pragmatismo, fundada por los filósofos Charles Sanders Peirce, William James y John Dewey a principios de este siglo, llevó el empirismo aún más lejos al mantener que el conocimiento es un instrumento de acción y que todas las creencias tenían que ser juzgadas por su utilidad como reglas para predecir las experiencias.
POSICIÓN DE LOS AUTORES FRENTE AL CONCOCIMIENTO.
Para algunos autores, el fundamento de la posibilidad del conocimiento es la realidad, bien la sensible (como han defendido los filósofos de orientación empirista), bien la inteligible (como aquellos racionalistas que han defendido el carácter realmente existente de las entidades conceptuales o nociones generales).
El primer gran filósofo que abordó el estudio del conocimiento fué el francés René Descartes, en el siglo XVII. Descartes intentó descubrir un fundamento del conocimiento que fuera independiente de límites y supuestos. Para él, conocer es partir de una proposición evidente, que se apoya en una intuición primaria. Descartes formuló tal proposición en su célebre sentencia: "pienso, luego existo".
Kant negó que la realidad pudiera ser explicada mediante los solos conceptos y se propuso conseguir el mismo objetivo, pero intentando determinar los límites y capacidades de la razón. Si bien existen, efectivamente, juicios sintéticos apriori, que son la condición necesaria de toda comprehensión de la naturaleza (trascendentales), el ámbito del conocimiento de limita, sin embargo en el pensamiento de Kant, al reino de la experiencia.
Según el británico John Locke, representante moderado del empirismo, las impresiones de la sensibilidad sólo formaban la base primaria del conocimiento. El también británico David Hume y algunos autores neopositivistas posteriores consideraron, por el contrario, que las nociones de las ciencias formales no son empíricas ni conceptuales, sino formales y, por lo tanto, vacías de conocimiento.
De acuerdo con determinadas formas de empirismo existen otras experiencias además de la sensible, como la experiencia histórica, la experiencia intelectual, etc. En estas posiciones, a algunos de cuyos precursores - los alemanes Friedrich Nietzsche y Wilhelm Dilthey- difícilmente se les puede considerar como empiristas, el término experiencia se entiende en un sentido más amplio. Los autores más representativos de estas posiciones son el alemán Martin Heidegger y el francés Jean- Paul- Sartre, que defendieron posturas existencialistas; los estadounidenses John Dewey y William James, de orientación pragmatista; y el español José Ortega y Gasset, que mantuvo la postura que él llamó raciovitalismo, en la que vida y razón constituían los dos polos de su concepción del mundo.
EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO.
Mientras que la epistemología ha sido entendida tradicionalmente como una teoría del conocimiento en general, en el siglo XX los filósofos se interesaron principalmente por construir una teoría del conocimiento científico, suponiendo que si se lograra disponer de teoría adecuadas que explicaran los mecanismos de un conocimiento de este tipo, podrían avanzar considerablemente por la misma vía en la solución de problemas gnoseológicos (doctrinas filosófica y religiosa que pretendía tener un conocimiento misterioso e instintivo de las cosas divinas) más generales.
La elaboración de una epistemología de este tipo constituyó la tarea abordada especialmente por los autores del Círculo de Viena, que fueron el germen de todo movimiento del empirismo o positivismo lógico. Para éstos filósofos se trataba de conseguir un sistema unitario de saber y conocimiento, lo que requería la unificación del lenguaje y la metodología de las distintas ciencias. Este lenguaje debería ser insersubjetivo - lo que exigía la utilización de formalismos y de una semántica común- y universal, es decir, cualquier proposición debía poder traducirse a él.
Lo único que puede hacerse es formular la hipótesis de la existencia de una realidad independiente de nuestra experiencia e indicar criterios para su contrastación en la medida en que una afirmación de existencia implica determinados enunciados perceptivos. No hay ninguna posibilidad de decisión respecto a una realidad o idealidad absolutas. Ello sería, en palabras de Carnap, un seudoproblema. Todas las formas epistemológicas de la tradición filosófica inspiradas en posiciones metafísicas - el idealismo y el realismo filosófico, el fenomelanismo, el solipsismo, etc.- caerían, así, fuera del ámbito del conocimiento empírico, ya que buscarían responder a una pregunta imposible.
EPISTEMOLOGÍA EN EL SIGLO XX.
A principios del siglo XX los problemas epistemológicos fueron discutidos a fondo y sutiles matices de diferencia empezaron a dividir a las distintas escuelas de pensamiento rivales. Se prestó especial atención a la relación entre el acto de percibir algo, el objeto percibido de una forma directa y la cosa que se puede decir que se conoce como resultado de la propia percepción. Los autores fenomenológicos afirmaron que los objetos de conocimiento son los mismos que los objetos percibidos. Los neorealistas sostuvieron que se tienen percepciones directas de los objetos físicos o partes de los objetos físicos en vez de los estados mentales personales de cada uno. Los realistas críticos adoptaron una posición intermedia, manteniendo que aunque se perciben sólo datos sensoriales, como los colores y los sonidos, éstos representan objetos físicos sobre los cuales aportan conocimiento.
Un método para enfrentarse al problema de clarificar la relación entre el acto de conocer y el objeto conocido fue elaborado por el filósofo alemán Edmund Husserl. Perfiló un procedimiento elaborado, al que llamó fenomenología, por medio del cual se puede distinguir cómo son las cosas a partir de cómo uno piensa que son en realidad, alcanzando así una comprensión más precisa de las bases conceptuales del conocimiento.
Durante el segundo cuarto del siglo XX surgieron dos escuelas de pensamiento, ambas deudoras del filósofo austriaco Ludwig Wittgenstein. Por una parte, la escuela del empirismo o positivismo lógico, tuvo su origen en Viena, Austria, pero pronto se extendió por todo el mundo. Los empiristas lógicos hicieron hincapié en que sólo hay una clase de conocimiento: el conocimiento científico; que cualquier conocimiento válido tiene que ser verificable en la experiencia; y, por lo tanto, que mucho de lo que había sido dado por bueno por la filosofía no era ni verdadero ni falso, sino carente de sentido. A la postre, siguiendo a Hume y a Kant, se tenía que establecer una clara distinción entre enunciados analíticos y sintéticos. El llamado criterio de verificabilidad del significado ha sufrido cambios como consecuencia de las discusiones entre los propios empiristas lógicos, así como entre sus críticos, pero no ha sido descartado.
La última de estas recientes escuelas de pensamiento, englobadas en el campo del análisis lingüístico (véase Filosofía analítica) o en la filosofía del lenguaje corriente, parece romper con la epistemología tradicional. Los analistas lingüísticos se han propuesto estudiar el modo real en que se usan los términos epistemológicos claves —términos como conocimiento, percepción y probabilidad— y formular reglas definitivas para su uso con objeto de evitar confusiones verbales. El filósofo británico John Langshaw Austin afirmó, por ejemplo, que decir que un enunciado es verdadero no añade nada al enunciado excepto una promesa por parte del que habla o escrib e. Austin no considera la verdad como una cualidad o propiedad de los enunciados o elocuciones.
CONCLUSIÓN.:
Si la epistemología - el estudio del conocimiento- constituye, por su propia naturaleza, una de las partes esenciales de la filosofía, la creciente importancia en la ciencia y la consiguiente necesidad de dotarla de sólidos fundamentos teóricos ha acrecentado aún más el interés por la misma en el moderno pensamiento filosófico.
BIBLIOGRAFÍA.:
1. Enciclopedia Hispánica; 5: 402-404; 1994-1995.
1. Enciclopedia Microsoft Encarta `97.
1. Gutiérrez Saenz, Raúl; Introducción a la filosofía; Editorial Esfinge.
1. Hessen; Teoría del conocimiento; Editorial Esfinge.
Diccionario de filosofía contemporáneaEdiciones Sígueme, Salamanca 1976
páginas 97-98
Teoría del Conocimiento
La teoría del conocimiento es una parte importante de la filosofía. Pero es difícil precisar cuál es su objeto y más aún cuáles son los resultados a los que se ha llegado en ella, sin indicar de antemano desde qué postura, o concepción filosófica se está hablando. En el artículo sobre gnoseología pueden verse algunas indicaciones respecto a los diversos planteamientos filosóficos del problema del conocimiento, y la relación de la denominación «teoría del conocimiento» con otros términos como «epistemología», &c. Aquí nos limitaremos a exponer brevemente los problemas fundamentales que plantea hoy una teoría filosófica del conocimiento.
De ellos el primero es la relación entre conocimiento científico y no científico. Otro problema importante es el de la relación entre esta teoría filosófica y las diversas disciplinas científicas que también se ocupan del conocimiento. Terminaremos aludiendo a las opciones filosóficas fundamentales en teoría del conocimiento.
1. El conocimiento científico y el no científico
En el contexto de la filosofía tradicional (escolástica, fundamentalmente) es normal referirse a varios tipos de conocimiento y establecer una jerarquía entre ellos. Empezando por el llamado conocimiento vulgar o del sentido común, se pasa inmediatamente al científico y se señalan después otras formas de conocimiento como el artístico, el filosófico, el religioso o el teológico, de los cuales este último suele ser considerado el más perfecto. Dentro de este esquema es fácil advertir a veces un ligero desplazamiento hacia el irracionalismo, a partir del cual el conocimiento científico no sólo ocupa un lugar mínimo en la escala jerárquica de las formas de conocimiento, sino que incluso puede aparecer como verdadero desconocimiento, por su carácter parcial, limitado, &c.
Dentro de esta perspectiva, que llamaremos –por denominarla de alguna manera– «conservadora», adquieren pleno significado los planteamientos ciertamente metafísicos (en el mal sentido de la palabra metafísica) respecto a la posibilidad, límites y esencia del conocimiento.
Desde una perspectiva racionalista, sin embargo, el modelo de cualquier forma de conocimiento es el conocimiento científico. Si esta posición se lleva hasta su extremo puede llegarse incluso a negar que haya otra forma real de conocimiento que no sea el científico.
Nos parece que la postura más adecuada es la racionalista (que algunos denominarán cientificista) (cientificismo), pero siempre y cuando se mantenga respecto a la ciencia una postura suficientemente crítica (El mito de la ciencia). De acuerdo con esto no parece que tenga mucho sentido hablar de conocimiento religioso o artístico, y mucho menos considerar a estas «formas de conocimiento» como más «perfectas» que el conocimiento científico. La misma idea de perfección no tiene mucho sentido aplicada al conocimiento, salvo para declarar que es perfectible. Y esto cuadra bien ante todo con el conocimiento científico. Otra cuestión es que los aspectos afectivos, emotivos, &c., que figuran en el arte o la religión cumplan también un determinado papel en la ciencia y que, por consiguiente, la separación de ésta con respecto a esas otras formas de pensamiento o de conciencia históricamente dadas sea más bien relativa.
En una teoría general del conocimiento, la teoría crítica de la ciencia ocupará por lo tanto un papel central; y paralelamente la problemática sobre las «diferentes formas de conocimiento» quedaría mejor tratada en una teoría previa sobre las «formas de pensamiento» en la que se distinguieran los aspectos histórico-sociológicos o institucionales de éstas (el arte, la religión, la ciencia) como partes de la cultura, de las cuestiones valorativas (su valor cognoscitivo en este caso).
2. Teoría del conocimiento: ¿ciencia o filosofía?
El conocimiento es un fenómeno con múltiples aspectos. Es un fenómeno psicológico, sociológico, biológico incluso. Cabe, pues, su estudio desde muchos puntos de vista, a partir de múltiples ciencias empíricas. También en el estudio del conocimiento científico cabe esta perspectiva científica, representada ya de hecho por la ciencia de la ciencia. La epistemología genética de Piaget pretende también constituir una teoría general del conocimiento (de tipo racionalista: el conocimiento científico como modelo más desarrollado de cualquier forma de conocimiento) con base en los resultados de ciencias positivas que se ocupan de los procesos cognoscitivos, como la psicología genética fundada y desarrollada por el mismo Piaget, la biología, la sociología y la historia de las ciencias, &c. En el artículo epistemología nos ocupamos de este programa de investigación. Por el momento aquí diremos únicamente que, en cualquier caso, no parece que pueda negarse que todas las investigaciones empíricas sobre los procesos cognoscitivos parten de preconcepciones filosóficas acerca de qué es el conocimiento –qué entendemos por conocer la realidad– sin las cuales no podrían orientarse aquellas investigaciones. Igualmente cabe señalar, al término del proceso, la posibilidad de diversas interpretaciones filosóficas de los resultados empíricos.
3. Teorías filosóficas del conocimiento
De hecho, las investigaciones sobre el conocimiento (de cualquier forma que se entiendan éstas: científica y filosófica) tienen que enfrentarse desde el principio con opciones de carácter estrictamente filosófico. Tal es el caso, fundamentalmente, de la opción necesaria a favor de una de las dos interpretaciones extremas: realismo o subjetivismo idealista. La concepción realista parte del supuesto de que el mundo conocido es exterior al sujeto y de que constituye un ideal de nuestro conocimiento el adecuarse con una realidad previamente dada. La actitud realista más consecuente es la que viene acompañada del calificativo «crítico». El realismo crítico añade al realismo la idea de que nuestro conocimiento nunca agota de forma definitiva, ni se adapta (o mejor, no sabemos si se adapta) de forma exacta a esa realidad previamente dada. Frente a esta posición, las diferentes formas de subjetivismo idealista, implican en diversa medida la idea de que el conocimiento es un asunto fundamentalmente subjetivo, sin que sea posible entender la conexión entre nuestro conocimiento y la realidad que pretendemos conocer. Algunas concepciones actuales como el fenomenalismo, el operacionalismo, el instrumentalismo, representan en el fondo diversas variantes del idealismo subjetivo.
Respecto a los supuestos ontológicos que pueden acompañar a las diversas concepciones sobre el conocimiento, está claro que aunque no hay una reacción de implicación lógica, las posturas más coherentes con el realismo por una parte y con el subjetivismo por otra son, respectivamente, el materialismo y el espiritualismo o idealismo objetivo.
Miguel A. Quintanilla
Teoría del Conocimiento
Prof. Lic. Andrés A. Luetich
10 de julio de 2003
La Gnoseología o Teoría del Conocimiento es una de las ramas clásicas de la Filosofía. Ya los antiguos filósofos griegos la trataron extensamente, llegando a explorar muchas de las sendas posibles: idealismo, realismo, empirismo, escepticismo.
En la Modernidad, la problemática del conocimiento se transformó en una cuestión crucial para los filósofos. La búsqueda de la certeza y la indagación por los límites del conocimiento atravesó toda esta etapa, desde Descartes hasta Kant, pasando por Hume y los demás empiristas ingleses.
En el cuadro que se encuentra a continuación aparecen los nombres de algunos de los filósofos que más se destacaron por sus aportes en este campo. Siguiendo los enlaces se accede a una presentación esquemática de la forma en que concibe el conocimiento cada uno de ellos acompañada en cada caso de una breve explicación.
EMPIRISMO
REALISMO
IDEALISMO
CRITICISMO
Platón
Aristóteles
Descartes
Hume
Kant
martes, 18 de marzo de 2008
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